El amor de Dios abarca a todos los hombres, a quienes quiere llevar al conocimiento de la verdad (1Tim 2,4). Sabemos el camino que Él eligió: es su Hijo Jesús, que dice de sí mismo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14,6).
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DIOS LLAMA A TODOS LOS HOMBRES
Dios introduce a los creyentes en una relación cada vez más profunda con Él, y purifica en ellos todo lo que les impide acoger plenamente su amor. Si viven en esta confianza que el Padre les pide, brillarán como “luz del mundo” (Mt 5,14).
“Y la luz brilla en las tinieblas…” (Jn 1,5)
NO TENER MIEDO ANTE NUESTRO AMOROSO PADRE
Es importante cobrar conciencia de que, al amarnos, nuestro Padre se hace vulnerable. Podemos constatarlo especialmente en la Pasión de su Hijo. Un punto muy sensible para el Corazón del Padre es cuando tenemos un falso respeto hacia Él, derivado del miedo a Dios, que luego tiende a manifestarse también en la relación con sus representantes eclesiásticos.
“YO NO TE OLVIDARÉ”
¡Cuánto admiramos el amor de una madre, que permanece al lado de su hijo aun en las más difíciles circunstancias! Para no pocas personas, este amor maternal es quizá lo único en que pueden apoyarse en medio de las olas de la confusión y distorsión de la vida.
A través del Profeta Isaías, el Señor mismo nos pone como ejemplo este amor:
“¿Es que puede una mujer olvidarse de su niño de pecho, no compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ellas se olvidaran, Yo no te olvidaré.” (Is 49,15)
EL TESORO DE DIOS EN LA TIERRA
El Señor nos dice: “Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban” (Mt 6,20). ¡Sabemos lo que nos quiere decir! En efecto, todo lo que hacemos movidos por el verdadero amor se convierte en el oro más precioso en la tesorería celestial.
Pero también nuestro Padre tiene un tesoro: son los corazones de los hombres que le pertenecen.
EN PRESENCIA DEL PADRE
San Benito Abad recomendaba a sus monjes vivir conscientemente en la presencia de Dios. ¡Éste es un excelente consejo, que permite al hombre despertar a la plena realidad! En efecto, una y otra vez se nos describe la verdad de que Dios vela constantemente sobre los suyos. La mirada de Dios se posa sobre todo y todos.
“PRENDADO ESTÁ EL REY DE TU BELLEZA”
“Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna; prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu señor” (Sal 44,11-12).
Estos versos del salmo despliegan su más sublime belleza cuando los entendemos como una llamada de nuestro Padre a seguirle sin reservas y a ponernos de lleno a su servicio. Esta belleza cobra vida cuando vemos una vocación religiosa: por ejemplo, alguien que se siente llamado a seguir al Señor en un monasterio contemplativo.
HASTA LOS LEONES CLAMAN A DIOS
“Los leoncillos rugen por la presa, reclamando a Dios su comida” (Sal 103,21).
El amor y el cuidado de Dios se extienden a toda su Creación irracional. Esto habrá sido lo que impulsó a un San Francisco de Asís a incluir a todos los elementos en la fraternidad de las criaturas en su famoso cántico. Todo lo que nuestro Padre ha creado encuentra su sentido más profundo en Él y da testimonio de Él, aunque a consecuencia del pecado haya quedado disturbada la armonía originaria y la muerte haya entrado en este mundo.
RELACIÓN FAMILIAR CON DIOS
“¡Venid, acercaos: todos tenéis derecho a acercaros a vuestro Padre!” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
En el mundo de la política suele hablarse de los “derechos humanos” que deben garantizarse y ser respetados. Sin embargo, al no comprender correctamente el orden de valores instituidos por Dios, se puede llegar a tener concepciones erróneas sobre lo que son los derechos humanos. Las palabras que hoy escuchamos del Mensaje del Padre, en cambio, nos hacen ver un derecho fundamental y muy profundo de nuestra existencia. leer más
LAS VERDES PRADERAS DE DIOS
¡Con cuánta abundancia nos provee el Padre! Así como nos da el pan de cada día, también alimenta nuestra alma con el pan espiritual que necesitamos. Día a día nos habla a través de su santa Palabra. Día a día su voz susurra a nuestro corazón, bendiciéndonos con su presencia. Día a día el sacrificio de Cristo es actualizado en los altares, para que el fruto de la Redención sea brindado a las personas en el “pan de los ángeles”. Y, no obstante, tristemente es muy cierto lo que nos dice el Padre en su Mensaje:
