«[Mi alma] tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?» (Sal 41,3).
EL ALMA: ¿Cuándo, amado Padre, cuándo llegará la hora? ¡Me muero de sed!
«[Mi alma] tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?» (Sal 41,3).
EL ALMA: ¿Cuándo, amado Padre, cuándo llegará la hora? ¡Me muero de sed!
«A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos» (Sal 90,11).
«Debes anunciar mi amor por los hombres para sanar sus corazones» (Palabra interior).
La exhortación contenida en la frase de hoy se extiende, sin duda, a todos aquellos que han entablado una relación íntima con Dios y desean seguir los impulsos y peticiones que nos dirige en el Mensaje a Sor Eugenia Ravasio.
«Ahora este amor está olvidado. Quiero recordároslo para que aprendáis a conocerme tal como soy» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).
«Te he llamado por tu nombre. Eres mío» (Is 43,1).
«¡Abandónate a mí! Así me facilitarás actuar en tu vida y hacerla fructífera» (Palabra interior).
«Déjame ser tu fuerza» (Palabra interior).
«Ni siquiera los pecados cometidos pueden impedirnos llegar a la santidad si anhelamos alcanzarla» (San Alfonso María de Ligorio).
«Adorarás al Señor tu Dios, y le servirás» (Catecismo de la Iglesia Católica, II Sección, Art. 1).
El primer mandamiento, que en el Catecismo se resume en estos términos, implica la prohibición de adorar a otros dioses (cf. Éx 20,4-6).
« El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel» (Sal 146,2). leer más