Amado Padre, ¡cuánto tiempo llevas esperando la conversión de tu primogénito, Israel, tu «primer amor»! Con fidelidad inquebrantable, sigues llamándolo hasta el día de hoy para que reconozca y siga a tu Hijo. Aunque esto no ha sucedido aún, Tú no te cansarás de llamarlo hasta el fin de los tiempos, porque nunca traicionas tu amor.
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“COMPRENDER EL AMOR A TRAVÉS DEL AMOR”
Amado Padre, ¿cómo podemos comprender aún mejor tu amor?
Cuando los israelitas te ofendieron danzando alrededor del becerro de oro (Éx 32,8), aceptaste la súplica de tu siervo Moisés en su favor y no les tuviste en cuenta su pecado. Una y otra vez nos encontramos con tu disposición a perdonar, aunque se trate de los pecados más repugnantes, ¡y son tantos!
“EL PODER DE LA INTERCESIÓN”
¡Cuánto debió haber sufrido san Abraham de Edesa al enterarse de que su sobrina María, a quien él mismo había guiado hacia una vida de penitencia y profunda unión con Dios, se había dejado seducir y se había descarrilado del camino de la salvación! ¡Cuántas lágrimas habrá derramado, cuántos sacrificios habrá ofrecido hasta que finalmente pudo conducirla de vuelta al camino de la santidad! Oh, Señor, ¡cuántas lágrimas derramó también santa Mónica hasta que su hijo Agustín escuchara tu voz y se apartara de sus errores!
“EL ENCUENTRO CON EL VERDADERO REY”
Amado Padre, siempre son muchas las intenciones que te presentamos. Sin embargo, esta vez se trata de una petición muy significativa y concreta.
En la meditación de hoy, hablábamos de que tu Hijo es Rey y de que su Reino debe extenderse a todos los hombres. Ciertamente, no se trata de un dominio que pueda imponerse con medios mundanos. Antes bien, es la soberanía del amor, el reinado del Mesías, el Salvador de todos los hombres. Cuando todos se someten de buen grado a su yugo y siguen a Jesús, surge la comunión contigo y la verdadera unidad entre los hombres.
“ACTUAR COMO EL SEÑOR”
RECORDATORIO: Durante la Cuaresma, los «3 minutos para Abbá» se relacionan con la meditación correspondiente a cada día y, a veces, solo pueden entenderse en este contexto. Con frecuencia, son una especie de diálogo personal con Dios Padre sobre el tema tratado en la meditación diaria.
“EL AGUA DE VIDA ETERNA”
Amado Padre, con cuánta delicadeza guió tu Hijo a la mujer junto al pozo de Jacob hacia el conocimiento de la verdad, de modo que ella pudo reconocerlo como el Mesías y convertirse en testigo suyo para muchos otros samaritanos. Así procedes con frecuencia: encuentras a alguien que te abre su corazón, a quien puedes conceder tu luz y darte a conocer para que luego sea él quien lleve el mensaje a otras personas. También ellas deben enterarse de que aquel a quien anhelan todos los que quieren vivir en la verdad realmente está ahí, esperándolos. leer más
“VERDADERO ALIMENTO PARA EL ALMA”
Amado Padre, en el evangelio de hoy volvemos a encontrarnos indirectamente con aquellos poderíos que se rebelaron contra ti. ¡Te agradecemos infinitamente porque tu Hijo ha liberado a la humanidad de su poder! No obstante, esperamos con ansias el momento en que la luz y las tinieblas se separen de forma definitiva y nunca más seamos atacados por ellas en la eternidad.
“EL TEMOR DE DIOS: UNA GRAN DICHA”
Amado Padre, si el temor de Dios reinara en y entre los hombres, las cosas serían muy distintas en el mundo. Cada uno empezaría preguntándose si lo que dice o hace concuerda con lo que Tú quieres de él. ¡Solo eso ya sería maravilloso! Además, se cuidaría de hacer daño al prójimo, que, al igual que él, está llamado a vivir como hijo de Dios. Tendría siempre presentes todos tus mandamientos, así como las instrucciones que nos dejó el Señor y sus apóstoles y que la Iglesia, la «Maestra de los pueblos», ha custodiado y transmitido a lo largo de los siglos. En realidad, todo sería distinto y el Reino de Dios se extendería en la Tierra. Los poderosos y los gobernantes prestarían especial atención a tu Ley y buscarían siempre tu consejo y el de aquellos que te temen y te aman.
“EL SEÑOR PERDONA GUSTOSAMENTE”
Amado Padre, gracias al perdón que ofreces a través de tu Hijo Jesucristo, ¡cómo alivias las cargas que pesan sobre las naciones o sobre los individuos, si tan solo acuden a ti!
¡Cuán pesadas son las cargas que a veces las personas llevan sobre sí, hasta el punto de que apenas pueden moverse libremente! ¡Cuán aplastantes son las culpas que no han sido perdonadas, cómo marcan el ser de la persona y la doblegan, queriendo incluso esclavizarla para siempre! Aunque no se dé cuenta o no quiera admitirlo, su vista está empañada y se esconde de ti, como nuestros primeros padres se ocultaron de tu mirada después de haber pecado (cf. Gn 3,8).
“UN CORAZÓN PURO EN EL EJÉRCITO DEL CORDERO”
Habiendo purificado nuestro corazón, amado Padre, podremos atrevernos aún más a emprender cosas grandes sin descuidar las pequeñas. ¿Acaso san Pablo no dio el buen testimonio de la fe ante los grandes de este mundo (cf. Hch 26)? ¿No denunciaron Elías y Juan Bautista intrépidamente a los reyes el mal que estos cometían (1Re 18,17-18 y Mt 14,3-4)? ¿Y los apóstoles no dieron un valiente testimonio de tu amado Hijo ante el Sanedrín (Hch 4,1-20)? ¿Quién les hizo capaces de ello, si no Tú? Tú les comunicaste el espíritu de fortaleza. Y ese mismo espíritu es el que necesitamos hoy para resistir a las maquinaciones de los espíritus malignos y de las personas que, consciente o inconscientemente, cooperan con ellos.
