Aún no podemos contemplar a Dios cara a cara. La visión beatífica nos está reservada para la eternidad y será una dicha sin fin. Sin embargo, ya antes nuestro Padre se da a entender de muchas maneras y, de forma insuperable, se manifiesta en su propio Hijo: “El que me a mí, ve al Padre” (Jn 14,9)
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ACEPTAR LAS CORRECCIONES PATERNALES
“A los que amo, los reprendo y corrijo” (Ap 3,19) –nos dice el Señor en el Libro del Apocalipsis, y es una gracia experimentarlo. En efecto, el amor de nuestro Padre a nosotros no sólo es un amor tierno y cálido que nos da seguridad y nos cobija; sino que es también un amor que nos forma. Él quiere educarnos para que avancemos en el camino espiritual.
EL GRAN DÍA SE ACERCA
La Fiesta de la Natividad del Hijo de Dios se acerca cada día más. Los corazones de los hombres han de llenarse de gran alegría y calidez. Las promesas anunciadas y preparadas desde toda la eternidad por nuestro Padre están llegando a su cumplimiento. El plan de su amor se hace realidad…
EL PADRE NOS REGALA LO MÁS PRECIOSO
“¿Podría acaso dar un regalo más precioso a los hombres que a mi Hijo Unigénito?” (Palabra interior).
En estos días en que las así llamadas “Antífonas O” nos preparan para la Venida del Salvador, podemos echar una mirada profunda al Corazón de nuestro Padre. En efecto, fue Él quien nos envió a su Hijo, dándonos así lo que más ama y haciendo por nosotros lo máximo que podría haber hecho.
UN CORAZÓN CONTRITO
“Un corazón contrito y humillado tú no lo desprecias, Señor” (Sal 50,19).
Un corazón contrito es un gran tesoro para nuestro Padre. Un corazón contrito ha dejado de lado toda defensa propia y ha adquirido una profunda conciencia de los abismos que aún hay en él. Ha descubierto que, por sí mismo, no sería capaz de hacer el bien, y que su inclinación al mal prevalecería si quedara a merced de sí mismo y no contara con la gracia. Esta conciencia sacude al alma, haciéndola dispuesta a arrojarse por completo en los brazos de Dios, sin vanidades ni condiciones. Por eso, un corazón contrito es un tesoro para el Padre.
“ADÁN, ¿DÓNDE ESTÁS?” (Parte II)
La angustiada búsqueda del Padre Celestial por nosotros continúa desde que el hombre perdió la unión con Dios de la que gozaba en el Paraíso. Cada vez que el hombre se descarrila, cada vez que se aparta del “manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas agrietadas” (Jer 2,13), escuchamos en el fondo el llamado del Padre:
“Adán, ¿dónde estás?” (Gen 3,9b).
“¿QUIÉN SE DA CUENTA DE SUS YERROS?”
“¿Quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas ocultas límpiame” (Sal 19,13).
Con sincero conocimiento de sí mismo, el salmista se dirige confiadamente al Padre Celestial, sabiendo bien con qué facilidad el hombre permanece atrapado en un autoengaño: “¿Quién se da cuenta de sus yerros?” Quiere asegurarse de que nada se interponga entre Él y su Dios, y nos da así un ejemplo de cómo podemos orar: “De las faltas límpiame”.
CUÁN DULCE ES VIVIR EN LA VERDAD
“Vosotros, que estáis en la verdadera luz, decidles cuán dulce es vivir en la verdad” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
Nuestro Padre tiene siempre en mente la salvación de todos los hombres, que están llamados a vivir de tal manera que se cumpla a plenitud el sentido de su existencia y experimenten “cuán dulce es vivir en la verdad”. Por eso, no es de sorprender que nuestro Padre anime a los suyos a transmitir la verdad a los demás, especialmente a aquellos que aún están atrapados en las tinieblas.
LA LEY DEL SEÑOR ES PERFECTA
“La enseñanza del Señor es perfecta, es descanso del alma” (Sal 19,7).
La enseñanza del Señor, que procede de su sabiduría, es sin mancha ni defecto. Así como el buen alimento fortalece nuestro cuerpo y el agua lo vigoriza, así nuestra alma se robustece con la Palabra de Dios y se dirige hacia su meta.
LA PRIMERA PALABRA AL DESPERTAR
Cuando despierto en la mañana, Tú, Padre, ya estás ahí, y toda la noche has velado sobre mí. Entonces esperas que me dirija a Ti y que mi primera palabra te sea consagrada a Ti. ¡Sí, Padre, de buena gana y con alegría lo haré! Pero a veces lo olvido y me dejo llevar por los estados de ánimo. ¡Qué lástima!
Cuán importante es esta primera palabra: ¡el saludo a Ti! Ella me coloca en la verdad del ser, pues ¿quién en el orden de la Creación redimida no te saludaría?
