“LA GLORIA DE DIOS LO SOBREPASA TODO”  

«Si quisiera enumerar todos los signos de tu amor, fracasaría. Pues aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, no podría describir los bienes de la naturaleza y los de la gracia, ni la gloria que emana de ti» (San Buenaventura).

¡Cuán glorioso debe ser nuestro Dios, si incluso un santo como Buenaventura, que sin duda estaba muy cerca de Él, se reconoce incapaz de describir su gloria! Quizá sea más apropiado decir que, precisamente por haberse encontrado más profundamente con Dios, le faltan las palabras para describir su grandeza.

Buenaventura tiene razón: ¡es demasiado sublime para nosotros!

Sin embargo, esto es motivo de alegría para nosotros, porque día a día avanzamos hacia la gloria de Dios. Y ya aquí, en la Tierra, podemos deleitarnos con todo aquello que vislumbramos con los ojos de la fe. Ya ahora podemos cantar con nuestra vida las alabanzas a nuestro Padre celestial, de quien procede toda la gloria, anunciar su infinito amor e invitar a los hombres a corresponderle.

A nosotros se nos ha encomendado la tarea de transmitir lo que las personas necesitan escuchar para entrar en esta vida maravillosa que tenemos por delante y que ya se anticipa aquí. Además, podemos pedirle a nuestro Padre que todos los hombres lo conozcan tal y como es en verdad y que abra sus ojos para que reconozcan la gloria de Dios en el rostro de Cristo.

Podemos hacer todo esto con gran fervor para así glorificar a Aquel cuya plenitud no podemos describir ni remotamente.

Nuestro Padre nos conducirá hasta el lugar donde le contemplaremos cara a cara. Si mantenemos la mirada fija en esa meta, nuestro gozo en Dios podrá despertar también en otras personas el anhelo hacia el Padre divino que les espera.