Responsabilidad ante Dios

St 4,13–5,6

Atended ahora los que decís: ‘Hoy o mañana iremos a tal ciudad, pasaremos allí un año, negociaremos y obtendremos buenas ganancias’. ¿Cómo habláis así, si ni siquiera sabéis qué será de vuestra vida el día de mañana? ¡Sois vapor de agua que aparece un instante y enseguida se evapora! En lugar de decir: ‘Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello’, os jactáis y fanfarroneáis, sin advertir que toda jactancia de este tipo es mala. Por tanto, el que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado. Atended ahora los ricos: llorad a gritos por las desgracias que os van a sobrevenir. Vuestra riqueza está podrida, y vuestros vestidos consumidos por la polilla; vuestro oro y vuestra plata están enmohecidos, y su moho servirá de testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como si fuera fuego.

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La clave para la verdadera paz

St 4,1-12

¿De dónde proceden las guerras y las peleas entre vosotros? ¿Acaso no provienen de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y tenéis envidia, y no podéis conseguir nada; lucháis y os hacéis la guerra. No tenéis porque no pedís. Pedís y no obtenéis, porque pedís mal, para derrochar en vuestros placeres. ¡Almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, el que desee ser amigo de este mundo, se hace enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: ‘Celosamente nos ama el Espíritu que habita en nosotros’? Pero mayor es la gracia que da; por eso dice: ‘Dios resiste a los soberbios’, ‘y a los humildes da la gracia’. Por eso, estad sujetos a Dios.

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La sabiduría de lo alto 

St 3,1-18

Hermanos míos, no pretendáis muchos ser maestros, sabiendo que tendremos un juicio más severo; porque todos caemos con frecuencia. Si alguno no peca de palabra, ése es un hombre perfecto, capaz también de refrenar todo su cuerpo. Si ponemos frenos en la boca a los caballos para que nos obedezcan, dirigimos todo su cuerpo. Mirad también las naves: aunque sean tan grandes y las empujen vientos fuertes, un pequeño timón las dirige adonde quiere la voluntad del piloto. Del mismo modo, la lengua es un miembro pequeño, pero va presumiendo de grandes cosas. ¡Mirad qué poco fuego basta para quemar un gran bosque! Así también la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad; es ella, de entre nuestros miembros, la que contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, inflama el curso de nuestra vida desde el nacimiento. 

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Fe y obras

St 2,14-26

¿De qué sirve, hermanos míos, que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Acaso la fe podrá salvarle? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento cotidiano, y alguno de vosotros les dice: ‘Id en paz, calentaos y saciaos’, pero no le dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta. Pero alguno podrá decir: ‘Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo por mis obras te mostraré la fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien; pero también los demonios lo creen, y se estremecen’. 

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Trato hacia ricos y pobres

St 2,1-13

Hermanos míos, no intentéis conciliar la fe en nuestro Señor Jesucristo, glorioso, con la acepción de personas. Supongamos que entra en vuestra asamblea un hombre con anillo de oro y vestido espléndido, y entra también un pobre mal vestido. Y os fijáis en el que lleva el vestido espléndido y le decís: ‘Tú, siéntate aquí, en buen sitio’; y, en cambio, al pobre le decís: ‘Tú, quédate ahí’, o ‘siéntate en el suelo, a mis pies’. ¿No estáis haciendo entonces distinciones entre vosotros y juzgando con criterios perversos? Escuchad, hermanos míos queridísimos: ¿acaso no escogió Dios a los pobres según el mundo, para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis deshonrado al pobre.

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Diligentes para escuchar y tardos para hablar

St 1,19-27

Tenedlo presente, hermanos míos queridos: Que cada uno sea diligente para escuchar, tardo para hablar y tardo para la ira; porque la ira del hombre no hace lo que es justo ante Dios. Por eso, desechad todo tipo de inmundicia y de maldad, y recibid con docilidad la palabra sembrada en vosotros, capaz de salvar vuestras almas. Poned por obra la palabra y no os contentéis sólo con oírla, engañándoos a vosotros mismos.

Porque quien se contenta con oír la palabra, sin ponerla en práctica, es como un hombre que contempla la figura de su rostro en un espejo: se mira, se va e inmediatamente se olvida de cómo era. En cambio, quien considera atentamente la ley perfecta de la libertad y persevera en ella -no como quien la oye y luego se olvida, sino como quien la pone por obra- ése será bienaventurado al llevarla a la práctica. Si alguno se cree religioso, pero no pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad es vana. La religiosidad pura e intachable ante Dios Padre es ésta: ayudar a huérfanos y viudas en su tribulación y guardarse incontaminado de este mundo. leer más

EPÍSTOLA DE SANTIAGO – “El sentido y la esencia de la tentación”

Con el comienzo del nuevo año, me gustaría volver a meditar sistemáticamente un libro de las Sagradas Escrituras. En esta ocasión, he elegido la Epístola de Santiago. Como de costumbre, al final de cada texto incluiremos los enlaces correspondientes para quienes prefieran escuchar una meditación sobre la lectura o el evangelio del día.

St 1,2-18

Hermanos míos: considerad una gran alegría el estar cercados por toda clase de pruebas, sabiendo que vuestra fe probada produce la paciencia. Pero la paciencia tiene que ejercitarse hasta el final, para que seáis perfectos e íntegros, sin defecto alguno. Si alguno de vosotros carece de sabiduría, que la pida a Dios -que da a todos abundantemente y sin echarlo en cara-, y se la concederá. Pero que la pida con fe, sin vacilar; pues quien vacila es como el oleaje del mar, movido por el viento y llevado de un lado a otro. 

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Feria de Navidad: “El Nombre de Jesús y la resistencia contra el Anticristo”

Según el calendario tradicional, el 2 de enero o el domingo siguiente se celebra la Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús. Escucharemos, pues, el breve evangelio para esta ocasión:

Lc 2,21

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, le pusieron por nombre Jesús, como le había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno.

El nombre de Jesús significa “Dios salva”, y expresa así de manera muy sencilla lo que Dios hizo por nuestra salvación a través suyo. Por medio de su Hijo, Dios rescató de su situación desesperada al hombre, que nunca hubiera podido liberarse por sí mismo de las cadenas del pecado y de la muerte. El hombre necesita para ello la gracia de Dios, quien se manifestó como hombre en el Mesías de todos los pueblos.

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EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 22: “Preparación inminente para Navidad”

Durante las tres primeras semanas de Adviento, nos hemos preparado para la Venida del Señor desde tres perspectivas diferentes.

  • En la primera semana, meditamos sobre la venida histórica de Jesús al mundo a través de los textos bíblicos y la liturgia, que atestiguan el advenimiento del Redentor.
  • En la siguiente semana reflexionamos sobre el nacimiento de Cristo en nuestro corazón, de modo que el acontecimiento bíblico también se haga realidad en nuestro interior. Y es que el Señor no solo quiso nacer en Belén, sino que también quiere vivir de forma real en nuestros corazones.
  • En la tercera semana, nos centramos en el tema de la Segunda Venida del Señor, que debería despertarnos para aprovechar el tiempo y allanarle el camino.

Para que la vida cristiana sea plena, estos tres aspectos deben ir de la mano y hay que tenerlos presentes. Sin la realidad histórica de la Redención, nuestra fe sería un mito; sin su interiorización, carecería de profundidad; y sin la perspectiva del Retorno de Cristo, perdería su enfoque en la meta y se reduciría su dinamismo.

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EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 4: “Abrahán e Israel”

El amor de Dios encuentra a aquellos que no le cierran su corazón. No todos le han dado la espalda; no todos viven indiferentes mientras transcurre su vida terrena; no todos permanecen sumidos en el letargo ni mantienen sus oídos cerrados al llamado de Dios. ¡También hay quienes le son fieles!

Después de Noé, Dios encontró a Abraham, el padre de los creyentes (cf. Rom 4,1-3), y le dijo:

«Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra» (Gen 12,1-3).

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