“ADMIRABLES SON TUS OBRAS”

“Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras”  (Sal 138,13-14). 

¿Podemos pronunciar con el corazón libre y a una sola voz con el salmista esta acción de gracias a Dios? Deberíamos ser capaces de ello, porque nuestro Padre puso todo su amor al crear al hombre, y esto cuenta para todos y cada uno de nosotros.

leer más

“LA RESPUESTA SOY YO MISMO”

“Yo mismo he depositado en los corazones de los hombres la búsqueda de mí. ¡Y Yo mismo soy la respuesta!” (Palabra interior).

¿Por qué el hombre busca?

Porque el Padre mismo ha depositado este anhelo en su corazón y, conforme a las inolvidables palabras de San Agustín, “nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” (Confesiones, I, 1).

leer más

“NO CONFIÉIS EN LOS PRÍNCIPES”

“No confiéis en los príncipes, seres de polvo que no pueden salvar (…). Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor, su Dios.”

(Sal 145,3.5)

La invitación que nuestro Padre nos dirige una y otra vez a confiar en todo y del todo en Él, viene acompañada de la advertencia de no buscar ni en los príncipes ni en hombre alguno la seguridad existencial de nuestra vida.

leer más

“NO CONFIÉIS EN LOS PRÍNCIPES” 

“No confiéis en los príncipes,

seres de polvo que no pueden salvar (…).

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,

el que espera en el Señor, su Dios.” (Sal 145,3.5)

La invitación que nuestro Padre nos dirige una y otra vez a confiar en todo y del todo en Él, viene acompañada de la advertencia de no buscar ni en los príncipes ni en hombre alguno la seguridad existencial de nuestra vida.

leer más

“CONFÍA EN MÍ SIN RESERVAS”

“Confía en mí sin reservas” –escuché un día en la oración.

El amor de nuestro Padre nos invita a confiar ilimitadamente en Él. No hay nada que Dios no sepa; Él nos conoce mejor que nosotros mismos, conoce nuestro corazón:

“Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.” (Sal 138,1-3)

leer más

EL AMOR DE DIOS ESTÁ SIEMPRE AHÍ

Todas las personas han de cobrar consciencia de que tienen un Padre amantísimo. Es ésta la realidad objetiva sobre la cual se cimentan sus vidas. Sólo al interiorizar esta certeza podrán despertar a la plenitud de la vida (cf. Jn 10,10b).

Es el Padre Celestial quien puede sanar todas nuestras heridas y hacernos descubrir el sentido amoroso de nuestra existencia, al dársenos a conocer. ¡Aquí reside la verdadera felicidad del hombre!

leer más