“El cambio sólo podrá darse a través de una auténtica conversión y la observancia de mis mandamientos” (Palabra interior).
La solución para que este mundo aún pueda salvarse es divinamente sencilla. Sin embargo, precisamente este requisito parece ser tan difícil para los hombres. ¿Cómo podría producirse un cambio si no es volviendo a Dios? ¿A quién podrían dirigirse si no? ¿Al hombre, a la naturaleza, a sí mismos?
