LA PUERTA ABIERTA

“Mira, he abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar” (Ap 3,8).

Estas palabras dirigidas al “ángel de la iglesia de Filadelfia” se extienden a todos aquellos que han acogido la invitación de Dios. La puerta hacia el Corazón del Padre está abierta de par en par, de modo que pueden acudir a Él todos los hombres que han emprendido la senda de la salvación. El Señor resucitado, que volverá sobre las nubes del cielo, nos asegura que esta puerta abierta al Corazón del Padre no podrá cerrarla nadie: ni los principados, ni las potestades, ni los dominadores de este mundo tenebroso (cf. Ef 6,12), por más que intenten engañar a los hombres y alejarlos del camino de Dios.

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SI SUPIERAIS

“Si supierais cuánto amo a mis discípulos y cuán dispuesto estoy a desvelarles todos los tesoros de la gracia, estaríais siempre despiertos, atentos a escuchar la voz de vuestro corazón para encontraros conmigo” (Palabra interior).

Una vez que nuestro corazón haya sido herido por el amor del Señor, percibirá cuán inmenso es este amor y anhelará recibir todo aquello que sea muestra de este amor. ¿Qué más podría buscar fuera de él?

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“NI LA TINIEBLA ES OSCURA PARA TI”

“Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;
si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha”
(Sal 138,8-10).

Junto con el salmista, alabamos la omnipresencia de nuestro Padre, ante quien nada está escondido y de quien está lleno todo el orbe de la tierra.

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LOS DESIGNIOS DEL SEÑOR PREVALECEN 

“El corazón humano genera muchos proyectos, pero al final prevalecen los designios del Señor” (Prov 19,21).

Sabio es aquel que no sigue simplemente las inclinaciones de su propio corazón, sino que examina si éstas van de acuerdo a los designios del Señor. En efecto, sus designios prevalecen. No pocas veces, nuestras abundantes fantasías, sueños y deseos no sirven más que para confundirnos. Nos hacen vivir en una ilusión e incluso pueden hacernos prisioneros de ciertas expectativas, que al fin y al cabo terminan no cumpliéndose. Entonces dejan en el alma un vacío y decepción.

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“SÉ FIEL HASTA LA MUERTE”

“Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Ap 2,10).

En el Libro del Apocalipsis, el Padre nos transmite estas palabras por boca del Señor glorificado. Dios quiere darnos la “corona de la vida”, que es una corona de victoria. El Señor quiere adornarnos con su gloria y hacernos partícipes de su triunfo sobre la muerte y el infierno. Para ello, hemos de ser fieles hasta la muerte.

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LA GRAN DEBILIDAD DE DIOS

“El hombre es mi gran debilidad. Por eso tú debes ir en su busca con el mismo amor con que yo lo busco” (Palabra interior).

Tratemos de comprender estas palabras… El amor de nuestro Padre por nosotros nos resulta casi incomprensible. Un obispo de Italia, Mons. Salvatore Bocciacco (1938-2008), hizo suya la siguiente oración:

“Dios es mi papá. Me ama hasta la locura. Hace cosas maravillosas por mí. Confío en Él y me entrego completamente a Él. Por eso, quiero creer que cualquier cosa que ocurra, ya sea que me parezca hermosa o terrible, es una exquisita y tierna expresión de su amor por mí, y entonces digo: ‘¡Gracias papá!’”

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EL SEÑOR ENDEREZA LAS SENDAS

“Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconócele en todos tus caminos y él enderezará tus sendas” (Prov 3,5-6)

Es una gran sabiduría no apoyarse sobre la propia inteligencia. Aunque es un maravilloso don que Dios nos concede en el plano natural, el entendimiento quedó oscurecido a consecuencia del pecado original, además de que está sujeto a las limitaciones propias del mundo de lo creado.

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