DIOS SIEMPRE AMA

“Si supieras cuánto te amo, estarías siempre alegre” (Palabra interior).

Si interiorizamos una afirmación tal, nuestro Padre podrá atravesar todas las tinieblas que pueden difundirse en nuestra alma. Así, todos los “no” en nosotros podrán desvanecerse a través de su amoroso “sí”.

La gran promesa del Corazón de Dios y la seguridad de su amor es más fuerte que todo lo demás, y nos hace entender las palabras de San Pablo: “Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos” (Fil 4,4).

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LA PUREZA DEL AMOR DEL PADRE

En ninguna parte podremos experimentar tal pureza del amor como en el encuentro con Dios. Nosotros, los hombres, estamos necesitados del amor y no podemos vivir sin él. Esto no es una deficiencia; sino que hace parte de la naturaleza con que Dios, en su sabiduría, nos creó. Así, somos receptivos al amor y, a su vez, se lo damos a otras personas, sirviéndoles de esta manera.

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EL TRATO DE DIOS CON SUS AMIGOS

“Cada día te hablaré un poco sobre mis deseos en relación con los hombres, sobre mis alegrías y mis penas” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

Estas palabras a la Madre Eugenia ciertamente no van dirigidas sólo a ella, sino que se extienden también a todos aquellos que cultivan una íntima relación con el Padre Celestial. De diversas maneras, ellos podrán percibir su voz. En efecto, Dios invita a todos los hombres a esta relación de profunda confianza, de modo que no sólo le expresemos y encomendemos nosotros todas nuestras preocupaciones, sino que también Él pueda comunicarnos lo que lleva en su Corazón.

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CORAZONES QUE ENTIENDAN A DIOS

“¿Qué es lo que deseo alcanzar a través de esta ‘obra de amor’, si no encontrar corazones que puedan entenderme?” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

Comprenderemos más profundamente a nuestro Padre cuando lleguemos a conocer su Corazón. ¡Y eso es lo que Él quiere! Quiere que captemos su amor, su motivación, su Ser…

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“ENSÉÑANOS A CALCULAR NUESTROS AÑOS”

“Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato” (Sal 89,12).

Una oración sencilla, pero de gran alcance… Todos estamos de camino y tendremos que atravesar la muerte como último puente hacia la eternidad. Nadie conoce la hora en que le llegará. Pero para las personas de fe, este “último enemigo a ser vencido” (1Cor 15,26) va perdiendo su espanto en la medida en que conocemos el amor del Padre y comprendemos que, habiendo atravesado la muerte, retornaremos a nuestro hogar, donde Jesús nos ha preparado las moradas (Jn 14,2-3).

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“ME SIENTO TRANQUILO”

“Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo” (Sal 26,3).

Esta actitud de tranquilidad es distinta a un optimismo meramente humano. Éste último radica en la naturaleza del hombre; mientras que la tranquilidad de la que aquí se habla resulta de haber depositado toda la confianza  en el Señor, que a su debido tiempo pone fin a las guerras y protege a los suyos.

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TODO LO ENCONTRAMOS EN EL SEÑOR

“Todo lo encontrarás en mí, aun en medio de la mayor oscuridad” (Palabra interior).

Incluso en las tinieblas más densas que puedan cernirse sobre nuestra vida, nuestro Padre sigue estando presente. Puede que entonces no seamos capaces de sentirlo, pero Él está ahí. Simplemente tenemos que aferrarnos a esta certeza con un “acto desnudo de fe”.

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“¿QUIÉN INVOCÓ AL SEÑOR Y FUE DESATENDIDO?”

“¿Quién invocó al Señor y fue desatendido?” (Sir 2,10b).

Nuevamente podemos responder con toda certeza: ¡Nadie!

Sería impensable que Dios simplemente nos desatendiera. Él conoce incluso nuestros pensamientos. “Nada se puede esconder ante ti, en tu ciencia amorosa envuelves todo y a todos” (Himno del Oficio a Dios Padre).

Escuchemos lo que nos dice el Padre en el Mensaje a la Madre Eugenia Ravasio:

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