«Quien ama al Redentor con un amor valeroso, no deja de amarlo en medio de las tentaciones, la sequedad y la desolación» (San Alfonso María de Ligorio).
Querido san Alfonso, ¡cuán ciertas son tus palabras y cuánto quisiéramos demostrar así nuestra fidelidad al Señor! Entonces, ¿cómo podemos amarle en tales circunstancias, cuando nuestro corazón parece frío, cuando nos sentimos sin fuerzas y desconsolados o cuando incluso nos vemos asaltados por grandes tentaciones? En esos momentos, una declaración de amor al Señor casi podría parecernos una hipocresía, porque no estaría sustentada en ningún sentimiento. Quizá nos encontremos sumidos en una oscuridad interior y sintamos aversión hacia su Palabra y hacia cualquier práctica religiosa. En esta situación, querido Alfonso, no nos sentimos valientes en absoluto, sino más bien indecisos y perezosos. ¿Y entonces qué?
