«El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará» (MT 16,25).
Al igual que habíamos meditado ayer, la frase de hoy nos habla de la verdadera vida. Desde la perspectiva de Dios, la auténtica vida es aquella que se desarrolla en unión con Él y conforme a su voluntad. Solo entonces se revela el sentido más profundo de la existencia, en el que también las obligaciones naturales ocupan el lugar que Dios les ha asignado. En cambio, si no se ha producido un verdadero encuentro con el Señor, la vida se limita a su dimensión natural y no llega a despertar realmente. Por tanto, no logra captar el sentido más profundo de la existencia.
Solo el encuentro con Jesús nos permite encontrar la vida que procede de Dios. Entonces nos vemos insertados en un sabio plan de salvación y llamados a una gran tarea en la Tierra: glorificar a Dios.
En cada persona está latente esta vida que Dios quiere despertar. Sin embargo, si su existencia está marcada por el pecado y absorbida por cosas secundarias, es necesario dejar atrás esa vida y buscar a Dios con todo el corazón. Cualquier apego a la «vieja vida» significaría sofocar la verdadera vida que viene de Dios o impedir que surja y se desarrolle. Esto es, seguramente, lo que Jesús quiere decir cuando habla de «salvar su vida».
En cambio, si dejamos atrás la «vieja vida» por causa suya, es decir, por amor a Él, entonces encontraremos la vida que procede de Dios. Y podemos llegar a amar tanto a Jesús que incluso estemos dispuestos a morir por Él, si eso le glorifica.
Este es el vídeo que contiene las palabras de Jesús que hoy hemos meditado:
