“LA FALSA UNIDAD SE DESMORONA”  

«Toda falsa unidad que no esté cimentada en mí no perdura y se desmorona» (Palabra interior).

La verdadera unidad solo puede provenir de Dios y estar cimentada en Él. En efecto, no hay lazo que una más profundamente a las personas que compartir y vivir la misma fe. Se trata, pues, de una unidad que viene de Dios y que hace realidad lo que Jesús pide al Padre en su oración sacerdotal:

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“SERENIDAD EN LA ADVERSIDAD”  

«Si en todas las adversidades nos abandonáramos con serenidad a la voluntad de Dios, estaríamos en el camino hacia la santidad y seríamos las personas más felices del mundo» (San Alfonso María de Ligorio).

Esta es una de esas frases que, si las asimilamos, pueden suponer un gran desafío para nosotros. Todos hemos sido llamados por nuestro Padre al camino de la santidad y todos queremos ser felices. De hecho, nadie podría imaginarse un cielo sin felicidad.

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EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 15: “La Segunda Venida del Señor”

La primera semana de Adviento la hemos dedicado a meditar sobre la venida histórica de Jesús al mundo. En la segunda semana nos hemos centrado en el nacimiento del Señor en nuestro corazón y en cómo profundizar la relación con Jesús en nuestro interior.

Ahora, en esta tercera semana, nuestra mirada se dirige a la Segunda Venida del Señor, un tema del que generalmente se habla muy poco en nuestra Iglesia católica. ¿Quién habla del Retorno de Cristo? ¿Quién lo predica? ¿Quién se atreve a abordar las realidades escatológicas? En las comunidades protestantes, a menudo está más presente la conciencia del Retorno de Jesús. Sin embargo, puesto que carecen de la Tradición, sus reflexiones pueden resultar insuficientes y provocar confusión.

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EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 14: “Una profunda vida interior en medio del mundo”

Antes de culminar la segunda semana de Adviento, repasemos brevemente los puntos esenciales de las meditaciones de los últimos días, que han de servirnos de guía para profundizar en nuestra vida interior. Son los siguientes:

  • La meditación de la Palabra de Dios.
  • El rezo del Santo Rosario meditado.
  • La oración del corazón.
  • La participación en dignas celebraciones eucarísticas, junto con la recepción de la Santa Comunión.
  • El acercamiento a la contemplación, con sus respectivas disposiciones preparatorias (buscar el silencio, superar los apegos desordenados a las cosas de este mundo y a las personas…).

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“LUCHA POR LA FE”  

«Combatid por la fe que ha sido transmitida a los santos de una vez para siempre» (Jud 1,3).

El gran tesoro de la fe requiere todo nuestro empeño para protegerlo. No se trata solo de la dimensión interior, de luchar cuando sufrimos tentaciones, cuando sucumbimos a nuestras debilidades y nos topamos una y otra vez con los abismos de nuestro corazón que aún no han sido penetrados por la luz de Dios.

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“SOY YO”  

«Soy yo quien perdona, soy yo quien llama, soy yo quien perfecciona» (Palabra interior).

En nuestro camino de seguimiento de Cristo, nunca debemos olvidar que no fuimos nosotros quienes lo elegimos, sino que Él nos llamó (cf. Jn 15,16). Esto no solo se aplica a las vocaciones sacerdotales y religiosas, sino a cada persona en particular, como resuena en la maravillosa declaración del Señor a través del profeta Isaías: «Te he llamado por tu nombre. Tú eres mío» (Is 43,1).

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EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 13: “La vida interior”

Las meditaciones de esta semana nos conducen paso a paso hacia el tema de la contemplación.

En nuestra Santa Iglesia contamos con una rica tradición mística en la que se describe el profundo encuentro entre Dios y el alma, y se nos invita a emprender un camino tal. Conocemos órdenes religiosas que se dedican por completo a la oración contemplativa y que, de este modo, presentan ante Dios todas las preocupaciones e intenciones de la Iglesia y del mundo. Se retiran totalmente del mundo y permiten que la llama del amor divino arda en su corazón.

Ciertamente, se trata de una vocación especial que no está destinada a cada persona. Sin embargo, el camino interior, que es el que recorren, por ejemplo, las carmelitas contemplativas, encierra aspectos esenciales para todos aquellos que desean profundizar en su fe. Del mismo modo que en el mundo se aprende de los que son expertos en un campo determinado, a nivel espiritual podemos aprender de aquellos que han cultivado intensamente la vida interior.

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“LA RECOMPENSA DE DIOS SIEMPRE ES MAGNÍFICA”

«Todo el bien que los demás hagan por nuestra sugerencia, acrecentará el esplendor de nuestra gloria en el cielo» (San Juan Bosco).

Es una alegría para nosotros cuando nuestras buenas obras, ya sean palabras u obras, animan a otros a hacer lo mismo. Esto supone una alegría en sí mismo, y tanto la buena obra como su efecto sobre los demás llenan de gozo el corazón de nuestro Padre y dan testimonio de su amor.

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EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 12: “La inhabitación divina en nuestra alma”

En las meditaciones de esta semana, reflexionamos sobre la interiorización de la Palabra de Dios, el Santo Rosario y la oración del corazón. También mencionamos brevemente la recepción de la Sagrada Comunión en la Santa Misa, tema en el que me gustaría detenerme un poco más en la meditación de hoy.

A través de la Santa Comunión se produce una íntima unión con el Señor, y Él penetra más profundamente en nuestra alma. En el Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio, una revelación privada que he citado en varias ocasiones, nuestro Padre Celestial nos ofrece la siguiente reflexión al respecto:

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EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 11: “La oración del corazón”

En diversas ocasiones, he hablado y escrito detalladamente sobre la «oración del corazón», que se practica sobre todo en la Iglesia oriental. Os recomiendo que volváis a leer o escuchar lo dicho, que podréis encontrar en los enlaces al pie de página[1]. También podéis encontrar otras fuentes para conocer mejor esta valiosa oración y su historia[2].

Dado que esta semana estamos centrándonos en la intensificación de nuestra relación con Jesús y en su inhabitación más profunda en nuestro corazón, vuelvo una vez más a referirme a esta oración, que resulta casi indispensable para las almas que buscan el silencio y el recogimiento. Personalmente, la practico desde hace casi cuarenta años y ahora me resulta imposible imaginar mi vida sin la «oración del corazón». Todo el que haya degustado el «sabor espiritual» de esta oración estará de acuerdo conmigo y entenderá por qué recomiendo a todos los cristianos la «oración de Jesús», insuperable en su sencillez y que, además, se presta para ser rezada en cualquier parte.

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