“YO CONOZCO TU CORAZÓN”

“Yo conozco tu corazón y sé que me amas. A fin de cuentas, esto es lo decisivo, porque el amor todo lo perdona.” (Palabra interior)

Estas palabras del Padre nos recuerdan a aquella frase de oro atribuida a San Agustín: “Ama y haz lo que quieras.”

Conforme a esta máxima, el amor es el criterio definitivo para actuar y, de por sí, conduce a la acción correcta. En consecuencia, nuestra tarea es buscar el verdadero amor, reconocerlo, beber de él y vivir en él.

Ahora, podemos aplicar esto también a las palabras que inicialmente escuchamos. Si nuestro corazón le pertenece totalmente a Dios, si Él lo ha conquistado con su amor, si le hemos correspondido con la entrega de nuestro corazón y permanecemos en el amor (1Jn 4,16b), entonces el Padre puede estar seguro de nuestro amor.

Él conoce nuestro corazón y sabe que no queremos apartarnos de Él jamás. Nuestro corazón se ha convertido en el trono de nuestro Padre, porque a Él se lo hemos entregado.

Junto a San Pedro podemos decir: “Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero” (Jn 21,17b). Y el Padre nos responderá: “Sí, Yo conozco tu corazón y sé que me amas.”

De esta certeza brota una gran libertad, porque un corazón guiado por el amor de Dios y el amor a Dios deja atrás todos los miedos y las preocupaciones terrenales. Ha emprendido el camino correcto, y todo lo que venga ­–sea lo que fuere– podrá verlo y afrontarlo en este amor.

Desde la perspectiva de nuestro Padre, lo esencial ha sucedido ya en este corazón. Lo que Él busca son corazones totalmente entregados a Él, porque sabe que en todas las situaciones sabrán actuar en su amor. ¡Y eso es lo que cuenta! Aunque esta persona no haya superado aún todas sus debilidades y no logre cumplir todos los propósitos que quisiera, el amor encontrará el camino correcto. ¡Y “el amor cubre multitud de pecados” (1Pe 4,8)!

El Padre queda muy contento con un corazón que le pertenece, porque éste ha hallado la brújula segura, de modo que Él puede confiarle sus deseos.

¿Qué le dijo el Señor a Pedro cuando éste le aseguró que le amaba?

“Apacienta mis ovejas” (Jn 21,17).

¿Y qué nos dirá a nosotros?