La humildad: preciosa flor en el jardín de Dios

«Yo, prisionero por el Señor, os exhorto a que viváis de una manera digna de la llamada que habéis recibido»

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Ef 4,1-6

Yo, prisionero por el Señor, os exhorto a que viváis de una manera digna de la llamada que habéis recibido: con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. Pues uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por todos y está en todos. leer más

La ascesis (Parte 5)

«La ascética es parte de nuestra armadura para el combate.»

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Hoy trataremos el tema de cómo manejar nuestros pensamientos y sentimientos en el sentido de la formación espiritual, que implica la ascética.

“Los pensamientos retorcidos apartan de Dios” –nos dice el Libro de la Sabiduría (1,3).  “Él [el Espíritu Santo] se aleja de los pensamientos vacíos” (1,5b).

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La ascesis (Parte 4)

«Dichosos los limpios de corazón» (Mt 5,8)

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Una vez que hayamos aprendido a ordenar nuestra excesiva locuacidad, y ya no digamos simplemente todo hacia afuera, sin haberlo examinado, el siguiente paso será “qué” es lo que decimos y “cómo” lo decimos.

El Apóstol nos advierte: “Que no salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino lo que sea bueno.” (Ef 4,29), y en otra parte nos dice:“Desechad también vosotros todas estas cosas: (…) la blasfemia y la conversación deshonesta en vuestros labios.” (Col 3,8)

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La ascesis (Parte 3)

“Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios” (Sal 141,3)

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El combate contra nuestras inclinaciones desordenadas no puede limitarse únicamente a la esfera de los sentidos, que han de ser refrenados para que no nos debiliten e incluso nos dispongan más fácilmente al pecado. La ascética debe aplicarse también a las inclinaciones desordenadas a nivel mental y espiritual, porque también éstas afectan al alma.

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La ascesis (Parte 2)

«Si con el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.» (Rom 8,13b)

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Como habíamos visto en la meditación de ayer, la ascética tiene como fin disponernos mejor a cumplir la Voluntad de Dios y a no dejarnos dominar por las inclinaciones de nuestra naturaleza caída. La ascética es, entonces, un medio; un esfuerzo imprescindible, que está al servicio de una meta concreta: mejorar por nuestra parte las disposiciones para poder unificarnos con la Voluntad de Dios. Desde este punto de vista, las prácticas ascéticas y la ascesis como tal adquieren su sentido más profundo y su nobleza.

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La ascesis (Parte 1)

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Para avanzar en el camino de seguimiento de Cristo, será una gran ayuda la ascética, pues no podemos olvidar que, a lo largo de toda nuestra vida, nos encontramos en un combate, que, con la gracia de Dios, hemos de librar como corresponde. Este combate se da en varios niveles. Hoy quisiera hablar sobre la “armadura básica” que constituye la ascética en esta lucha.

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Nuestra Señora del Rosario y la ‘celda interior’

María, auxilio de los cristianos

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En futuro quisiera hacer el 7 de cada mes una meditación sobre el “Mensaje del Padre”. Opto por el día 7 puesto que una de las grandes peticiones que Dios Padre expresa en dicho Mensaje es que se instaure una Fiesta litúrgica en Su honor, para lo cual escoge el día 7 de agosto. Pero hoy, puesto que celebramos la memoria de Nuestra Señora del Rosario, quisiera primero dedicar unas palabras a esta ocasión.

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La limitación de lo creado

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Ecl 1,2-11 

¡Vanidad de vanidades! -dice Qohélet-, ¡vanidad de vanidades, todo es vanidad! ¿Qué saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol? Una generación va, otra generación viene; pero la tierra permanece donde está. Sale el sol, se pone el sol; corre hacia su lugar y de allí vuelve a salir. Sopla hacia el sur el viento y gira al norte; gira y gira y camina el viento. Todos los ríos van al mar, y el mar nunca se llena; al lugar donde los ríos van, allá vuelven a fluir.

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La amenaza anticristiana y la resistencia contra ella (IX): Observaciones finales

«¡A todos ellos les agradezco de corazón!»

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Si tenemos presente los cuatro pilares que mencionamos en la meditación de ayer, tendremos un buen punto de partida para resistir a la corriente anticristiana.Recordemos cuáles eran estos cuatro pilares: clara doctrina de la Iglesia, una enseñanza moral sin ambigüedades, auténtica misión y fervor en la lucha por la santidad.

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La amenaza anticristiana y la resistencia contra ella (VIII): Armadura básica para resistir

«Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Diablo» (Ef 6,11)

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Con la meditación de hoy, vamos llegando al final de esta serie sobre el Anticristo. Mañana será la última. Sé que muchas preguntas quedan abiertas aún y necesitan ser profundizadas. Por tanto, en la meditación de mañana señalaré en qué marco continuaré tratando este tema, distinto al de las meditaciones diarias, particularmente para aquellos que se sienten llamados por el Señor a ofrecer resistencia conscientemente contra las tendencias y los poderes anticristianos. Para la amplia audiencia de las meditaciones diarias, quisiera dar ahora algunos consejos, que podrían serles provechosos.

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