Lunes Santo – Un gesto de amor a Jesús

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“María, tomando una libra de perfume de nardo puro muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos.” (Jn 12,3)

¡Qué gesto tan tierno de parte de María se nos muestra en este pasaje! Es una ternura que corresponde al ser de la mujer, y que refleja algo de su belleza y capacidad de entrega. María le ha regalado todo su corazón a Jesús, y cuánto consuelo habrá sido para Él, en medio de tanta hostilidad, el ver aquella alma amante. Algo similar le sucederá en el Viacrucis, cuando Verónica enjuga su rostro.

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Domingo de Ramos – El día en que el Señor fue honrado como merece

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“¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” (Mt 21,9)

Todo el pueblo está congregado y durante un breve tiempo sucede aquello que corresponde a la realidad de que el Hijo de Dios ha venido. Entre júbilo y alegría lo aclaman; el pueblo da la bienvenida a su verdadero Rey, a su Mesías, al prometido y esperado por tanto tiempo.

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La confianza y la instauración de una Fiesta Litúrgica

Una Fiesta Litúrgica en honor a Dios Padre

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Con la meditación de hoy, llegamos al final de la primera parte del “Mensaje del Padre”. Éste nos acompañó a lo largo de la Cuaresma hasta el Domingo de Ramos, precisamente en estos difíciles momentos de crisis que la humanidad está padeciendo a causa de la pandemia, cuya gravedad aún no puede medirse.

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El deleite del Padre

El Espíritu Santo –quien es nuestro mejor amigo– nos mueve a limpiar nuestra casa, a dejarla impregnar por Su luz y luego actuar unidos a Él.

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Palabras del Padre tomadas del Mensaje a la Madre Eugenia Ravasio:

“¡Cuánto me complazco en las almas que viven en la justicia y en la gracia santificante; cuán feliz me hace morar en ellas! Yo me dono a ellas. Les transmito el uso de mi poder, y en mi amor encuentran un anticipo del Paraíso; en mí, su Padre y Redentor.”

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Importancia del ‘Mensaje del Padre’

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Como había comunicado ayer, continuaré hasta el sábado con las meditaciones sobre el “Mensaje del Padre”. Éste se divide en dos partes. En las reflexiones anteriores, había seguido el orden del librito casi por completo. A partir de hoy, resumiré lo que nos falta de la primera parte y sólo citaré algunos extractos. Dejaré la segunda parte del Mensaje para meditarla en otro momento adecuado.

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Reflexión sobre la pandemia (Parte IV)

«El Santo Rosario, esta eminente oración, debería hacer parte de nuestro ‘pan espiritual cotidiano'»

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Con tristeza, tenemos que constatar que en esta difícil crisis prácticamente no contamos con un liderazgo oficial por parte de la Iglesia, que muestre a los fieles el camino a seguir en esta situación. Puesto que así están las cosas, hemos de abandonarnos especialmente en la guía del Espíritu Santo, quien no nos dejará sin instrucciones ni permitirá que los fieles queden solos en medio de la crisis.

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Reflexión sobre la pandemia (Parte III)

«Si nos vemos privados de los sacramentos sin culpa de nuestra parte, hemos de aprender a activar otras dimensiones en nuestro camino y práctica espiritual.»

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Para contextualizar, resumo primeramente lo que habíamos hablado durante los dos últimos días…

Califiqué el brote de esta pandemia como una permisión de Dios, que ha de entenderse como una reprensión de parte Suya, para que lo busquemos a Él, nos apartemos de los caminos de la perdición y optemos por el camino de la verdad.

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Reflexión sobre la pandemia (Parte II)

«Los mandamientos de Dios no son de ningún modo meras sugerencias de cómo podría vivirse más correctamente; sino que son las condiciones básicas dispuestas por Dios para que pueda haber verdadera vida.»

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Ayer habíamos hablado de que esta pandemia es una permisión de Dios, y representa una reprensión Suya. Había mencionado las razones por las que esto sería comprensible de parte del amor y el cuidado de Dios, en vistas del incremento de la “cultura de la muerte”.

Se trata, en primera instancia, de la salvación eterna de los hombres. Sí, el hombre ha de ser salvado de su vida perdida y alejada de Dios, y ha de vivir como hijo del Padre Celestial y cobijado bajo Su amor, ya en este mundo y, a plenitud, en la eternidad.

Para esto, Dios ya ha hecho todo de Su parte, y ahora depende de la persona si acepta o no el ofrecimiento de gracia, después de haberlo conocido.

Los mandamientos de Dios no son de ningún modo meras sugerencias de cómo podría vivirse más correctamente; sino que son las condiciones básicas dispuestas por Dios para que pueda haber verdadera vida. Como se afirma ya en el Antiguo Testamento, cuando el Señor da la Ley a Su pueblo por medio de Moisés: “Si escuchas los mandamientos de Yahveh tu Dios (…), vivirás…” (Dt 30,16). Su rechazo, en cambio, traería la muerte. (cf. v. 17-18).

Si uno no cierra los ojos, verá que muy a menudo se incumplen los mandamientos de Dios, incluso en la esfera pública y en las legislaciones. Se toleran y, aún más, se fomentan prácticas tales como el aborto.

Ahora bien, cuando empieza a incrementar el mal, el extravío, el pecado, no sólo es comprensible que Dios permite la proliferación de una plaga tal; sino que hemos de considerarlo como una reprensión que tiene como fin que los hombres vuelvan al camino de la verdadera vida o que, al menos, lo busquen sinceramente.

Por eso, de pronto se nos pierden aquellas seguridades que se nos habían vuelto muy preciadas; seguridades que fácilmente se convierten en ídolos. ¡Así que los hombres son llamados a una sincera conversión! ¡Éste es el punto central!

Los hombres han de convertirse a Dios, para que reconozcan Su amor y cambien sus vidas conforme a la Voluntad Divina.

No debemos dejarnos confundir… Esta plaga no es una venganza de la naturaleza por no haberla tratado bien. ¡Esto es un engaño!

Repito: se trata de la conversión a Dios, de una profunda conversión moral, de un retorno a la casa del Padre.

No cabe duda de que es correcto tener presente en nuestras vidas el tema ecológico, y actuar consecuentemente y con prudencia. En este campo, ciertamente a veces se necesita mejorar. ¡Pero de ningún modo es éste el tema esencial! Lamentablemente, muchas veces esta temática toma un tinte ideológico. Hablar de una “conversión ecológica” sin “conversión moral” no toca el punto de lo que en realidad está en juego.

¡Ésta sería, entonces, “la hora de la Iglesia”! A Ella el Señor le ha encomendado ser la Maestra de los pueblos, y tiene, por tanto, una misión vinculante que cumplir.

Esta pandemia es una situación seria, y tenemos que constatar que la Iglesia, en gran parte, no está preparada espiritualmente para afrontar la crisis de forma apropiada. Con demasiada prontitud, se subordina a los deseos de los gobiernos, y a veces incluso se anticipa a las medidas gubernamentales.

Son sólo pocos pastores los que señalan que para los fieles no es menos importante que el alimento corporal la recepción del alimento espiritual en la liturgia.

Ciertamente es correcta la indicación de preocuparse especialmente por los enfermos y moribundos; pero es demasiado unilateral. También los fieles necesitan del alimento espiritual, sobre todo en tiempos de crisis mundial. Apenas unos cuantos de la jerarquía se atreven a decir las cosas como son. Pocos alzan su voz como se lo esperaría de pastores que quieren proteger a su rebaño de la hambruna espiritual.

Aquí y allá hay sacerdotes astutos y valientes, que buscan la forma de proporcionar a sus fieles el santo manjar. ¡Que Dios les recompense!

Evidentemente hay también otras alternativas que la de cerrar las iglesias y evitar los servicios de culto públicos. Se lo puede ver, por ejemplo, en Polonia, donde se propuso celebrar más Misas dominicales, de modo que los fieles asistan en menor número a cada celebración y se respeten así las medidas de prevención necesarias.

Sin entrar en detalles, seguramente podrían encontrarse maneras para que los fieles reciban el santo alimento, si hubiese una fuerte voluntad detrás y no se asumiera inmediatamente todo lo que un gobierno prescriba.

Además, ¿dónde queda el anuncio auténtico y con autoridad? ¡Ahora sería un tiempo en que debería brindárseles con abundancia la Palabra de Dios a las personas! ¡Están necesitadas de orientación! Y aun si el anuncio fuese rechazado, al menos se habría dicho lo que había que decir, y a veces sucede que más adelante se presentan situaciones de vida en las que uno se acuerda de lo escuchado…

Entonces, ¿qué hay que hacer?

Mañana continuaremos con el tema…

Reflexión sobre la pandemia (Parte I)

En estas circunstancias, se plantean las preguntas decisivas: ¿Qué es lo esencial en la vida? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

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Me resulta difícil ignorar el hecho de que nos encontramos en una gran crisis a nivel mundial, que tiene rasgos apocalípticos. La gravedad de la situación queda evidente si se consideran las muchas restricciones a nivel civil, hasta el punto de que la libertad personal se ve significativamente limitada en diversos campos. Aún más difícil para los fieles es que muchos ya no puedan acudir a los sacramentos, de modo que se ven privados del consuelo que normalmente la Iglesia ofrece a sus hijos.

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Testificar el amor del Padre

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Palabras del Padre tomadas del Mensaje a la Madre Eugenia Ravasio:

“¡Mi hora ha llegado! Es necesario que sea conocido, amado y glorificado por los hombres, para que, habiéndolos creado, pueda ser su Padre, después su Salvador y finalmente la fuente de su dicha eterna.

Hasta aquí os he hablado de cosas que ya sabéis. He querido recordároslas para que os dejéis convencer cada vez más de que soy un Padre muy bueno, y no aquel Padre terrible por el que me tenéis. También debéis saber que soy el Padre de todos los hombres que ahora viven y el Padre de todos aquellos que crearé hasta el fin del mundo.

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