“No tengas miedo de lo que podría sobrevenirte” (Palabra interior). leer más
Showing all posts by Elija
La vida de los justos
Sab 3,1-9 (Lectura correspondiente a la memoria de San Maximiliano Kolbe)
Las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno. A los ojos de los insensatos pareció que habían muerto; se tuvo por quebranto su salida, y su partida de entre nosotros por completa destrucción; pero ellos están en la paz. Aunque, a juicio de los hombres, hayan sufrido castigos, su esperanza estaba llena de inmortalidad; por una corta corrección recibirán largos beneficios. Pues Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí; como oro en el crisol los probó y como holocausto los aceptó. El día de su visita resplandecerán, y como chispas en rastrojo correrán. Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos y sobre ellos el Señor reinará eternamente. Los que en él confían entenderán la verdad y los que son fieles permanecerán junto a él en el amor, porque la gracia y la misericordia son para sus santos y su visita para sus elegidos.
BAJO LA MIRADA DEL PADRE
“Tu vida está totalmente en mis manos, y yo decido qué y cuándo sucede” (Palabra interior).
Quien se haya entregado a nuestro Padre y haya correspondido así a su amor, puede apelar con gran confianza a estas palabras. Éstas le acompañarán en todas las situaciones críticas de la vida y le darán la fuerza no sólo para superarlas, sino para reconocer en ellas la providencia y el cuidado de nuestro Padre.
La Palabra de Dios
Ez 2,8–3,4
“Y tú, hijo de hombre, escucha lo que voy a decirte; no seas rebelde como ellos. Abre la boca y come lo que te voy a dar.” Al mirar, vi una mano tendida hacia mí, que sostenía un libro enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por el anverso y por el reverso; había escrito: “Lamentaciones, gemidos y ayes.” Luego me dijo: “Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo y ve luego a hablar a la casa de Israel.” Yo abrí mi boca y él me hizo comer el rollo, y me dijo: “Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que yo te doy.” Lo comí y me supo dulce como la miel. Entonces me dijo: “Hijo de hombre, ve a la casa de Israel y háblales con mis palabras.”
Verdadera libertad
Mt 17,22-27
En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán, y al tercer día resucitará.” Ellos se entristecieron mucho. Cuando entraron en Cafarnaún, se acercaron a Pedro los que cobraban el tributo y le preguntaron: “¿No paga vuestro maestro el tributo?” Respondió él: “Sí.”
ENTREGARSE AL PADRE SIN RESERVAS
“Dame, Señor, lo que me pides y pídeme luego lo que quieras” (San Agustín).
Con la mirada puesta en nuestro Padre Celestial, podemos pronunciar confiadamente esta oración, que nos mueve a entregarnos completamente al Señor y a no negarle nada. A menudo todavía vacilamos a la hora de confiarnos sin reservas a nuestro Padre y nos aferramos al fundamento aparentemente sólido de nuestras inclinaciones naturales. Tal vez incluso puede haber un cierto temor de que nuestro Padre pudiese pedirnos algo que no estaríamos dispuestos a darle.
EL TIMÓN DE LA JORNADA
“La primera hora de la mañana es el timón de la jornada” (San Agustín). leer más
No desfallecer en el camino
1Re 19,4-8
En aquellos días, Elías caminó por el desierto una jornada, hasta llegar y sentarse bajo una retama. Imploró la muerte, diciendo: “¡Basta ya, Señor! ¡Toma mi vida, pues no soy mejor que mis padres!” Se recostó y quedó dormido bajo una retama, pero un ángel le tocó y le dijo: “Levántate y come.” Miró y vio junto a su cabecera una torta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a recostar. El ángel del Señor volvió por segunda vez, lo tocó y le dijo: “Levántate y come, pues te queda un camino muy largo.” Se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta llegar al monte de Dios, el Horeb.
NO RENDIRSE JAMÁS
“Mientras vivamos, lucharemos. Mientras luchemos, es señal de que no hemos sido derrotados y de que el buen Espíritu habita en nosotros. Si la muerte no te encuentra como vencedor, que al menos te encuentre como luchador” (San Agustín). leer más
Despreciar la propia vida
Jn 12,24-26
Lectura correspondiente a la Fiesta de San Lorenzo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, allí queda, él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; pero el que desprecia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.”
