RECORDATORIO: Durante la Cuaresma, los «3 minutos para Abbá» se relacionan con la meditación correspondiente a cada día y, a veces, solo pueden entenderse en este contexto. Con frecuencia, son una especie de diálogo personal con Dios Padre sobre el tema tratado en la meditación diaria.
Showing all posts by Elija
Día 25: “Jesús y la mujer pecadora”
La extensa lectura de hoy (Dan 13, 1-9.15-17.19-30.33-62) narra la historia de Susana, esposa de Joaquín, a quien Dios libró de las manos de dos malvados jueces que la acusaron falsamente de un grave delito moral. El evangelio (Jn 8,1-11), en el que nos detendremos hoy, relata un acontecimiento lleno de enseñanzas.
¿Cómo se enfrenta Jesús a la culpa de alguien que ha cometido adulterio? Los escribas y fariseos le presentaron a una mujer en estas circunstancias y le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés en la Ley nos mandó lapidar a mujeres así; ¿tú qué dices?» (vv. 4-5).
Evidentemente, los acusadores no querían saber lo que Jesús pensaba al respecto, sino tenderle una trampa para encontrar un motivo de acusación (v. 6). En un primer momento, Jesús no les da ninguna respuesta. Sin embargo, ante su insistencia, pronuncia aquella frase decisiva que debe calar hondo en nosotros y marcar toda nuestra vida y nuestra manera de afrontar situaciones similares: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra» (v. 7). Se lo decía a aquellos fariseos y escribas que esperaban con impaciencia y exigían una respuesta. Al oír estas palabras, comenzaron a marcharse, uno tras otro, empezando por los más viejos (v. 9). ¡Ninguno se atrevió a lanzar una piedra!
“EL AGUA DE VIDA ETERNA”
Amado Padre, con cuánta delicadeza guió tu Hijo a la mujer junto al pozo de Jacob hacia el conocimiento de la verdad, de modo que ella pudo reconocerlo como el Mesías y convertirse en testigo suyo para muchos otros samaritanos. Así procedes con frecuencia: encuentras a alguien que te abre su corazón, a quien puedes conceder tu luz y darte a conocer para que luego sea él quien lleve el mensaje a otras personas. También ellas deben enterarse de que aquel a quien anhelan todos los que quieren vivir en la verdad realmente está ahí, esperándolos. leer más
Día 24: “Aceptar con gratitud la guía de Dios y dar testimonio del agua viva”
La lectura de hoy (Num 20,1-3.6-13) nos relata una rebelión de los hijos de Israel contra Moisés y Aarón en el desierto de Sin. Llevaban casi cuarenta años de travesía y estaban descontentos con las circunstancias. Murmuraron contra Moisés y Aarón y protestaron por el lugar miserable donde se habían instalado en Cades, donde no había trigo, ni higuera, ni viña, ni granado. Evidentemente, habían perdido la confianza y ahora exigían a sus líderes que, al menos, les dieran agua. Entonces, Moisés y Aarón se postraron ante el Señor y le rogaron: «Oh, Señor Dios, escucha el clamor de este pueblo y ábreles tu tesoro, la fuente de agua viva, para que, al saciarse, cesen sus murmuraciones» (v. 6, traducido de la Biblia Vulgata Latina).
«El Señor habló con Moisés y le dijo: “Toma la vara y reúne a la comunidad, y que te acompañe tu hermano Aarón. Hablad luego a la peña en presencia de ellos, y ella dará sus aguas. Harás brotar para ellos agua de la peña y darás de beber a la comunidad y a sus ganados.” Tomó Moisés la vara de la presencia de Yahveh como se lo había mandado. Convocaron Moisés y Aarón la asamblea ante la peña y él les dijo: “Escuchadme, rebeldes. ¿Haremos brotar de esta peña agua para vosotros?” Y Moisés alzó la mano y golpeó la peña con su vara dos veces. El agua brotó en abundancia, y bebió la comunidad y su ganado» (vv.7-11).
Día 23: “No dejar hablar a los demonios”
Hoy es el vigésimo tercer día de nuestro itinerario cuaresmal. Antes de entrar en el tema, terminemos la «exposición floral» que empezamos ayer, recordando cada una de las «flores» recogidas desde el día 12 hasta el 22.
Día 12: Manejar el don de la sexualidad según lo que Dios ha dispuesto en nuestro estado de vida y evitar toda forma de impureza.
Día 13: Recorrer el camino de la santidad como expiación por los incontables pecados y ofensas contra Dios, la incredulidad y las injusticias cometidas contra las personas.
Día 14: Confiar en Dios en todas las situaciones, dándole el primer lugar en nuestra vida, permanecer fieles a la recta doctrina de la Iglesia y vivir conforme a ella, y superar las tentaciones de la soberbia sirviendo a Dios y al prójimo.
Día 15: Una flor de paz, que cree en la Omnipotencia de Dios, capaz de cambiarlo todo.
“VERDADERO ALIMENTO PARA EL ALMA”
Amado Padre, en el evangelio de hoy volvemos a encontrarnos indirectamente con aquellos poderíos que se rebelaron contra ti. ¡Te agradecemos infinitamente porque tu Hijo ha liberado a la humanidad de su poder! No obstante, esperamos con ansias el momento en que la luz y las tinieblas se separen de forma definitiva y nunca más seamos atacados por ellas en la eternidad.
Día 22: “El temor de Dios”
Hoy hemos llegado al día 22 de nuestro itinerario cuaresmal. Quizá alguno de vosotros haya recogido un «ramo espiritual» con las flores que he ido proponiendo al final de cada meditación. De hecho, ya hemos formado un ramo bastante grande y cada una de sus flores nos ayudará a encontrar el hilo conductor que nos guía a lo largo de la Cuaresma.
Permítidme recordaros que este año he decidido basarme en las lecturas del día según el calendario litúrgico tradicional. Probablemente la mayoría de vosotros estéis habituados a la «forma ordinaria del rito romano». Por eso, os indicamos siempre la cita de la lectura y el Evangelio del día para que podáis leerlos íntegramente, mientras que en las meditaciones suelo citar solo ciertos extractos.
Una breve «exposición floral» nos ayudará a recordar los propósitos que hemos tomado en esta primera mitad de Cuaresma. Hoy enumeraremos las flores de los primeros 11 días y mañana continuaremos con las de los siguientes 11.
“EL TEMOR DE DIOS: UNA GRAN DICHA”
Amado Padre, si el temor de Dios reinara en y entre los hombres, las cosas serían muy distintas en el mundo. Cada uno empezaría preguntándose si lo que dice o hace concuerda con lo que Tú quieres de él. ¡Solo eso ya sería maravilloso! Además, se cuidaría de hacer daño al prójimo, que, al igual que él, está llamado a vivir como hijo de Dios. Tendría siempre presentes todos tus mandamientos, así como las instrucciones que nos dejó el Señor y sus apóstoles y que la Iglesia, la «Maestra de los pueblos», ha custodiado y transmitido a lo largo de los siglos. En realidad, todo sería distinto y el Reino de Dios se extendería en la Tierra. Los poderosos y los gobernantes prestarían especial atención a tu Ley y buscarían siempre tu consejo y el de aquellos que te temen y te aman.
Día 21: “Disposición a perdonar”
Tras la pequeña serie sobre la transformación del corazón, volvemos a las lecturas del día. Este año, estamos siguiendo en nuestro itinerario cuaresmal el leccionario tradicional. Pero, antes de entrar en materia, me gustaría compartir con vosotros una intención que llevo en el corazón. Se trata de una oración que he escrito con el fin de pedir al Señor la verdadera paz que viene de Él. Les agradecería que muchas de las personas que escuchan mis meditaciones diarias se unieran a nosotros en esta sencilla oración:
«Amado Padre, te pedimos la paz que emana de tu Corazón para que toque y transforme los corazones de los hombres, y así tu Reino se extienda por toda la Tierra. ¡Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor! Amén».
De los textos bíblicos de hoy, me gustaría detenerme en un pasaje breve pero muy significativo del Evangelio (Mt 18,15-35). Dice así:
“EL SEÑOR PERDONA GUSTOSAMENTE”
Amado Padre, gracias al perdón que ofreces a través de tu Hijo Jesucristo, ¡cómo alivias las cargas que pesan sobre las naciones o sobre los individuos, si tan solo acuden a ti!
¡Cuán pesadas son las cargas que a veces las personas llevan sobre sí, hasta el punto de que apenas pueden moverse libremente! ¡Cuán aplastantes son las culpas que no han sido perdonadas, cómo marcan el ser de la persona y la doblegan, queriendo incluso esclavizarla para siempre! Aunque no se dé cuenta o no quiera admitirlo, su vista está empañada y se esconde de ti, como nuestros primeros padres se ocultaron de tu mirada después de haber pecado (cf. Gn 3,8).
