“RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS Y VIDA ETERNA”

¿Por qué, amado Padre, ni siquiera el signo de la resurrección de un muerto bastó para que los fariseos reconsideraran su postura hostil hacia Jesús? ¿No es suficiente que ocurra un milagro de tal magnitud para que quede patente que Tú estás obrando? ¿Qué más habría de suceder?

Podemos anticipar tu respuesta, porque ya nos la has dado una y otra vez en la Sagrada Escritura; y también en la vida de tus santos acontecía que ni siquiera los milagros más evidentes podían mover a los tiranos a la conversión.

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Día 31: “La resurrección de un muerto: signo de la amorosa omnipotencia de Dios”  

Tras reflexionar sobre la figura de san José en el marco de nuestro itinerario cuaresmal, escuchamos hoy, tanto en la lectura (1Re 17, 17-24) como en el evangelio (Jn 11,1-45), el relato de la resurrección de un muerto. En el primer caso, se trata del profeta Elías, que resucita al hijo de la viuda que lo había acogido. Este milagro convenció plenamente a la viuda de que Elías era un profeta: «Ahora sé que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor está en tu boca» (v. 24).

Así, se hizo realidad lo que debe suceder a raíz de un milagro así: la fe en la obra de Dios. Efectivamente, se podría decir que la resurrección de un muerto es la prueba visible de que Dios es el dueño de la vida y de la muerte, y de que solo un hombre que le pertenece puede obrar un milagro de tal magnitud. Sin embargo, por desgracia, no todos llegan a esta conclusión, como tenemos que constatar con dolor en diversos pasajes del Evangelio. leer más

Día 30: “San José y la misión del varón”  

Con motivo de la Solemnidad de San José, reflexionaremos hoy, en el marco de nuestro itinerario cuaresmal, un poco sobre aquel a quien Dios escogió para ser padre nutricio de Nuestro Señor Jesucristo.

Mt 1,16.18-21.24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y antes de que conviviesen se encontró con que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. Consideraba él estas cosas, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Al despertarse, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado. leer más

Día 29: “Testimonio para el pueblo de la Antigua Alianza”

El vigésimo noveno día de nuestro itinerario cuaresmal nos invita a reflexionar sobre el pueblo de la Antigua Alianza, del que procede nuestro Señor según la carne y los apóstoles. Hasta el día de hoy no han reconocido al Mesías. En consecuencia, hay judíos que siguen esperando su advenimiento, mientras que otros ven cumplida la promesa mesiánica en el Estado de Israel o corren el peligro de seguir a falsos mesías, si es que la religión aún tiene importancia para ellos.

Como pueblo de la Nueva Alianza, deberíamos llevar siempre en el corazón y en nuestras oraciones la intención de que, después de tanto tiempo, los judíos reconozcan finalmente al Mesías, que no es otro que Jesucristo, el Hijo de Dios.

En la lectura de hoy, escuchamos la profecía de que Dios reunirá a su pueblo de entre todas las naciones, lo devolverá a su tierra, lo purificará de todas sus inmundicias y le dará un corazón nuevo (Ez 36,23-28).

El contexto de estas palabras es que, como los israelitas no vivían en su tierra según el agrado de Dios, Él los dispersó entre las naciones.

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Día 28: “La palabra de Jesús procede del Padre”  

Volviendo a los textos bíblicos que nos acompañan durante la Cuaresma, escuchamos en la lectura (Ex 32, 7-14) cómo los israelitas caen en la idolatría. Moisés tiene que escuchar estas palabras que le dirige el Señor:

«“¡Anda, baja! Porque tu pueblo, el que sacaste de la tierra de Egipto, ha pecado. Bien pronto se han apartado del camino que yo les había prescrito. Se han hecho un becerro fundido y se han postrado ante él; le han ofrecido sacrificios y han dicho: ‘Este es tu Dios, Israel, el que te ha sacado de la tierra de Egipto.’” Y dijo el Señor a Moisés: “Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Déjame ahora que se encienda mi ira contra ellos y los devore; de ti, en cambio, haré un gran pueblo”» (vv. 7-10).

A lo largo de su historia, los israelitas se vieron tentados una y otra vez a rendir culto a falsos dioses. Esa fue una de las razones por las que Dios quiso mantenerlos aislados de los demás pueblos, para que no imitaran sus prácticas idolátricas, que son una abominación a los ojos de Dios. La Sagrada Escritura nos deja claro que estos «falsos dioses» pretenden usurpar el lugar de Dios, y san Pablo nos enseña que los demonios se esconden detrás de los ídolos para engañar a las personas (cf. 1Cor 10,19-20). Hasta el día de hoy siguen haciendo de las suyas para apartar a los hombres del conocimiento de Cristo.

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Día 27: “San Abraham y su sobrina, Santa María”

Puesto que el evangelio de hoy relata nuevamente la purificación del Templo, y ya habíamos desarrollado este tema el séptimo día de nuestro itinerario cuaresmal (https://es.elijamission.net/dia-7-purificacion-del-templo-interior-y-exterior/), he decidido dedicar la meditación de hoy a dos santos cuya fiesta se celebra el 16 de marzo: san Abraham de Edesa (Mesopotamia) y su sobrina María.

Desde muy joven, Abraham anhelaba una vida en soledad con Dios, por lo que pidió permiso a sus padres para ser ermitaño. Sin embargo, sus padres ya habían elegido a una joven que, en su opinión, era digna de él, para que fuera su esposa. Con gran pesar, Abraham les obedeció. La leyenda cuenta que, tras la boda, le comunicó a su mujer su decisión de vivir en abstinencia permanente. Después, se marchó en secreto y se encerró en una celda solitaria situada aproximadamente a una hora de la ciudad de Edesa.

El llamado de Dios a la soledad era tan fuerte que todos los intentos de su familia por devolverlo a su esposa fueron en vano. Amuralló su celda, dejando solo una pequeña ventana por la que recibía lo necesario para vivir.

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“EL PODER DE LA INTERCESIÓN”

¡Cuánto debió haber sufrido san Abraham de Edesa al enterarse de que su sobrina María, a quien él mismo había guiado hacia una vida de penitencia y profunda unión con Dios, se había dejado seducir y se había descarrilado del camino de la salvación! ¡Cuántas lágrimas habrá derramado, cuántos sacrificios habrá ofrecido hasta que finalmente pudo conducirla de vuelta al camino de la santidad! Oh, Señor, ¡cuántas lágrimas derramó también santa Mónica hasta que su hijo Agustín escuchara tu voz y se apartara de sus errores!

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