Domingo de Ramos: “El día en que el Señor fue honrado como merece”

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“¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” (Mt 21,9)

Todo el pueblo está congregado y durante un breve tiempo sucede aquello que corresponde a la realidad de que el Hijo de Dios ha venido al mundo. Entre júbilo y alegría lo aclaman; el pueblo da la bienvenida a su verdadero Rey, a su Mesías, al prometido y esperado por tanto tiempo.

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Día 39: “A las puertas de la Semana Santa”

Antes de entrar en la Semana Santa, daremos hoy el último paso en nuestro itinerario cuaresmal. Os invito cordialmente a seguir acompañándonos durante la Semana Santa, cuyas reflexiones tendrán un carácter más meditativo. También podréis verlas a modo de vídeos en los enlaces respectivos que os enviaremos a diario.

Al comienzo del evangelio de hoy (Jn 12,10-36), se anticipa ya la entrada de Jesús en Jerusalén, que mañana, en el Domingo de Ramos, contemplaremos con mayor profundidad.

Por poco tiempo, la realidad en Jerusalén fue como debía ser. El pueblo saludó al verdadero Rey de Israel y salió a su encuentro. En este acontecimiento se manifiesta la verdad y se reconoce la misión que Israel estaba llamado a cumplir para toda la humanidad. No se trataba de un rey humano, sino del Rey del cielo que vino a la Tierra para redimir a su pueblo. Entra en la «ciudad del gran Rey» (Mt 5,35), es decir, en Jerusalén, la ciudad escogida por Dios. ¡Qué alegría y qué gracia concede el Padre Eterno a su pueblo! Viene Aquel que merece toda alabanza, honor y gloria.

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“EN EL UMBRAL DE LA SEMANA SANTA”

«La Cuaresma es el otoño de la vida espiritual, en el que debemos cosechar los frutos y almacenarlos para todo el año. Haga todo lo posible —se lo ruego— para enriquecerse con estos tesoros preciosos que nadie podrá robarle y que no se oxidan (cf. Mt 6,20). Recuerde lo que digo con frecuencia: mientras pretendamos vivir dos Cuaresmas al mismo tiempo, nunca conseguiremos vivir bien ni siquiera una. Por tanto, vivamos la Cuaresma actual como si fuera la última, entonces la aprovecharemos bien» (De una carta de San Francisco de Sales a Juana Francisca de Chantal).

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Día 38: “Conspiración contra Jesús”

La Semana Santa ya está a las puertas y, por tanto, nuestro itinerario cuaresmal nos presenta hoy el pasaje del Evangelio en el que los enemigos de Jesús deciden matarlo (Jn 11,47-54). Dice así:

«Entonces los príncipes de los sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín: “¿Qué hacemos, puesto que este hombre realiza muchos signos? -decían-. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar y nuestra nación”» (vv. 47-48).

Aquí vemos los falsos pretextos que esgrimieron, pues Jesús con su predicación y sus obras no suponía en absoluto una amenaza para los romanos. En realidad, eran los líderes religiosos quienes se sentían amenazados y temían perder su influencia sobre el pueblo.

La resurrección de Lázaro, un signo inequívoco de la autoridad divina de Jesús, resultó intolerable para ellos. Como no tenían manera de rebatirle ni de acusarle de algún pecado —y, por tanto, de haber transgredido la Ley—, simplemente decidieron matarle.

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Día 37: “Ahora te seguimos de todo corazón”

Tras la alegría por la elección de la Santísima Virgen María, que celebramos ayer, nuestro itinerario cuaresmal nos presenta hoy la conmovedora oración de Azarías (Dn 3,25.34-45), uno de los tres jóvenes que, gracias a la intervención divina, salieron ilesos del horno ardiente.

Azarías, que vive en el destierro en Babilonia junto a su pueblo, expresa en primer lugar su profunda lamentación por haber perdido todo aquello que antes constituía el centro de su vida, al mismo tiempo que reconoce la culpa del pueblo: «Nosotros, ¡oh Señor!, hemos venido a ser la más pequeña de todas las naciones, y estamos hoy día humillados en toda la tierra por causa de nuestros pecados. No tenemos en este tiempo ni príncipe, ni caudillo, ni profeta, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda, ni incienso, ni lugar donde ofrecerte las primicias, y hallar gracia a tus ojos» (vv. 37-39a).
¡Qué importante es reconocer la realidad con tal profundidad! Israel siente las consecuencias de haberse alejado de Dios y se da cuenta de que él mismo lo ha provocado. En esta oración, no se acusa a nada ni a nadie por el sufrimiento y la desgracia que han sobrevenido al pueblo, sino que se reconoce la propia culpa de manera sencilla y sincera.

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Día 36: “La actitud de María”  

En medio de nuestro itinerario cuaresmal, resplandece la gran solemnidad de la Anunciación, aquel día en que comenzó nuestra redención cuando María dio su «sí». Aunque sin duda conocemos bien el pasaje bíblico correspondiente, nunca nos cansamos de escuchar el primer anuncio de la Buena Nueva.

Lc 1,26-38

Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a un pueblo de Galilea, llamado Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. La virgen se llamaba María. Cuando entró, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.” Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, le llamarán Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.” María respondió al ángel: “¿Cómo será esto posible, si no conozco varón?” El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y le llamarán Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y ya está en el sexto mes la que era considerada estéril, porque no hay nada imposible para Dios.” Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” Y el ángel la dejó y se fue.

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“EL REINO DE SU AMOR”

“En el corazón de María, el Padre edifica el Reino de su amor” (San Juan Eudes).

¡Qué bella constatación de San Juan Eudes! Efectivamente es así: la Virgen acogió plenamente el amor de Dios y dio la respuesta que nuestro Padre pide y espera de nosotros, los hombres. Al decir “hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38), María abrió las puertas para que el Padre pudiese desplegar sin impedimentos su plan de salvación. Y Dios le encomendó lo más valioso que podía dar a los hombres: a su amado Hijo.

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