“TODO TIENE IMPORTANCIA”

«Todo, hijo mío, tiene importancia: cada palabra, cada gesto, cada obra» (Palabra interior).

Al tomar conciencia de ello, emprendemos el camino hacia la madurez. Es un despertar definitivo a la realidad de Dios. Ciertamente, no se trata de una preocupación temerosa por si de pronto estamos cometiendo algún error, pues tal actitud provocaría una tensión interior. Sin duda, nuestro Padre no quiere eso, que sería contrario a su amor solícito por nosotros.

Se trata más bien de despertar a la responsabilidad de nuestra existencia. A menudo seguimos siendo bastante ciegos y no reflexionamos sobre las cosas hasta el final, sino que nos dejamos llevar demasiado por nuestras emociones sin antes examinarlas.

¡Cuán sabios nos volveríamos si reflexionáramos primero a la luz de Dios sobre lo que vamos a decir o escribir! ¡Con qué facilidad se nos escapan palabras que aún proceden de un corazón que no ha sido totalmente purificado, palabras que podrían herir a otras personas y de las que, a menudo, acabamos retractándonos (si no somos demasiado orgullosos para hacerlo)! ¡Cuán distintas, en cambio, son aquellas palabras que se pronuncian en el momento oportuno, que han sido premeditadas y que brotan de un corazón que ama!

Pero también los simples gestos hablan su propio lenguaje. Estos pueden animar y fortalecer a las personas, pero también pueden convertirse en una expresión de rechazo. ¡Dichoso aquel que tome conciencia del peso que pueden tener y los emplee correctamente!

¿Y qué decir de las obras? ¡Cuán trascendentales son las buenas obras y cuán grave es el peso de aquellas que no se ajustan a la voluntad de Dios!

Eso es lo que el Padre quiere transmitirnos en la frase de hoy. No para asustarnos ni desanimarnos, sino para recordarnos que todo está desvelado a sus ojos y que deberíamos hacerlo todo de tal manera que le sea grato y, por ende, también sirva a las personas.