“NUESTRO AMOR A DIOS DEBE SER PURIFICADO”

«Vengo a proclamarme como el Padre de todos los hombres, el más tierno de los Padres; y a corregir el amor que me ofrecéis, que está distorsionado por el miedo» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).

En la frase de hoy, nuestro Padre Celestial señala uno de los motivos fundamentales por los que se dirige a todos los hombres a través de la Madre Eugenia Ravasio. Esta afirmación viene precedida de su lamento porque las personas no le conocen tal y como Él es en verdad. La razón es que aún existe una imagen distorsionada de nuestro Padre, que puede estar marcada por el miedo, tal y como afirma en el pasaje que hemos escuchado.

Aunque en las últimas décadas puede que haya cambiado la imagen de un Dios extremadamente severo en la predicación de la Iglesia (el mensaje a sor Eugenia tiene casi cien años), es necesario que examinemos hasta qué punto nuestra relación con el Padre celestial sigue estando marcada por una excesiva justificación y por el temor.

Eso no encajaría con lo que el Padre desea, ya que Él quiere ser para nosotros Padre, amigo y confidente. Sin duda, ha habido y sigue habiendo almas dichosas que han vivido en una relación así con Dios. Pero el Señor lo desea para todas las personas, es decir, para todos aquellos a quienes Él, en su amor, ha llamado a la vida, y quiere transmitirles que ese debería ser el «estado normal» de la relación entre Él, el Padre amantísimo, y sus hijos.

Por tanto, no debe prevalecer en nosotros la idea errónea de un «Dios terriblemente justo», sino la de un Padre cuya intención es guiar a todas las personas hacia su patria eterna y acompañarlas en este camino.

Eso no significa que estemos exentos de desviarnos y fallar en la meta de nuestra vida. Sin embargo, el camino para volver a nuestro Padre siempre permanece abierto. Él espera con profundo anhelo que acudamos a Él y la reconciliación con Él será una fiesta eterna de amor. ¡Así es nuestro Padre!