«Demos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia de los santos en la luz» (Col 1,12).
Con estas palabras, San Pablo inicia su alabanza a Dios en el himno cristológico que abre la Epístola a los Colosenses. De este modo, nos recuerda enfáticamente que todas las gracias que recibimos a través del Hijo de Dios proceden de nuestro Padre celestial. Por ello, es «justo y necesario» tenerlo siempre presente y elevar una y otra vez nuestro corazón hacia nuestro Padre con gozo, alabanza y gratitud, del mismo modo que en la Santa Misa las oraciones van dirigidas a Dios, nuestro Padre.
En el Mensaje a la Madre Eugenia Ravasio, Dios Padre mismo llama nuestra atención sobre ello, en el sentido de que quiere conducirnos a un culto más perfecto a Dios, en el que, al igual que el apóstol San Pablo, le agradezcamos de todo corazón todo lo que nos concede, especialmente las gracias que recibimos a través de su Hijo Unigénito.
¡Qué gran bondad se manifiesta en el hecho de que podamos participar de la herencia de los santos en la luz! Dios nos concede una profunda comunión con ellos, que son nuestros verdaderos hermanos y hermanas espirituales. Puesto que viven en perfecta sintonía con Dios, su luz resplandece sin turbación alguna. Al cultivar la comunión con ellos, su luz penetra también en nuestras almas. En efecto, los santos anhelan vivir en unión con nosotros, sus hermanos y hermanas que aún estamos de camino hacia la eternidad.
Al igual que vamos conociendo y experimentando cada vez más profundamente la bondad de nuestro Padre al trazarnos el camino de la salvación, también vamos comprendiendo cada vez mejor la dignidad que Él confiere a sus hijos. El mero hecho de compartir el amor por Dios ya nos hace formar parte de los santos, que están unidos para siempre a nuestro Padre y lo contemplan cara a cara.
La eterna gratitud hacia nuestro Padre celestial nos irá abriendo poco a poco los ojos para descubrir todo lo que hace por nosotros y cómo es. Si aceptamos la invitación de cantar sus alabanzas junto con los ángeles y los santos, nos acercaremos cada vez más al futuro que nos espera y sabremos que lo más hermoso aún está por venir.
