“COMBATES SALUTÍFEROS”

«Cada combate que aceptes, que libremos y concluyamos juntos de forma victoriosa contribuye a la salvación de las almas» (Palabra interior).

Si dejamos que esta frase cale hondo en nosotros, muchas cosas pueden cambiar en nuestra vida. Por supuesto, los combates interiores son desagradables y seguirán siéndolo hasta el final: ¿a quién le gusta experimentar que la carne se rebele contra el espíritu? ¿Y quién no anhela que esta contradicción interior concluya finalmente en la eternidad?

Pero también las dificultades y los sufrimientos exteriores, las pruebas, persecuciones y cruces de todo tipo son difíciles de sobrellevar y nos exigen una y otra vez la decisión de no rendirnos. En lo que respecta a nuestra propia salvación, sabemos que, a través de nuestra resistencia y nuestras luchas, podemos demostrar nuestra fidelidad al Padre Celestial.

Sin embargo, la frase de hoy apunta a algo más. Recordemos la gran afirmación de san Pablo: «Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1, 24). La frase de hoy es semejante a estas palabras. Por lo tanto, no se trata solo de defendernos y vencer frente a las hostilidades interiores y exteriores, sino que hemos de afrontar la lucha con una perspectiva distinta.

Debemos reconocer que es nuestro Padre mismo quien lucha en nosotros. A Él le complace vencer a través de sus hijos, sabiendo cuán débiles son. Entonces, podremos comprender que todo combate que libremos por causa del Señor —es decir, de acuerdo con su voluntad— contribuye a la salvación de las almas.

He aquí una perspectiva gigante, capaz de sacarnos de nuestro pequeño mundo, en el que a veces nos sentimos tentados a sumirnos en la autocompasión ante las dificultades de todo tipo. Al elevar la mirada hacia nuestro Padre y hacia el Señor crucificado, podemos olvidarnos de nosotros mismos y constatar con asombro: «¡Dios lo ha hecho todo bien! ¡Y nosotros tenemos el honor de luchar junto a Él!». El Señor sabrá integrar cada pequeño esfuerzo en su plan de salvación. Eso puede reforzar nuestro valor. De este modo, nuestras luchas libradas en el Señor pueden convertirse en combates salutíferos.