
Podría resultarnos difícil imaginar que una crisis como esta pandemia pueda ser utilizada de diversas maneras por poderes malignos, para erigir posibles estructuras de poder que controlen a la humanidad y la conduzcan de acuerdo a sus planes.

Podría resultarnos difícil imaginar que una crisis como esta pandemia pueda ser utilizada de diversas maneras por poderes malignos, para erigir posibles estructuras de poder que controlen a la humanidad y la conduzcan de acuerdo a sus planes.

Antes de entrar en la última etapa de preparación para Pentecostés, en la cual nos enfocaremos en la Persona del Espíritu Santo, quisiera tocar el tema de un escrito, que hace pocos días fue publicado y firmado por varios cardenales y obispos, así como por científicos y otros profesionales. Dicho escrito, titulado Veritas liberabit vos (“La verdad os hará libres”), ha recibido bastante atención y ha provocado discusión. El autor del texto es el Arzobispo Carlo Maria Viganò, ex nuncio de los Estados Unidos.

La Iglesia nos enseña que el Espíritu Santo, quien procede del Padre y del Hijo, es quien nos lleva a la verdad plena (cf. Jn 16,13).
Precisamente en estos tiempos en que hay que lamentarse de que la desorientación haya llegado aun a los círculos más altos de la Iglesia, estamos llamados a escuchar con particular cuidado la voz del Espíritu Santo. Es necesario familiarizarse con Él, de tal modo que sepamos distinguir Su voz en medio del vocerío que hoy nos rodea. Podemos conocer al Espíritu Santo viendo cómo iluminaba a los Apóstoles y cómo se ha hecho presente en toda la historia de la Iglesia. Pero también es importante experimentarlo en nuestra vida de oración personal, y cultivar una íntima comunión con Él.

Precisamente en un tiempo en que toda la humanidad se ve afectada por una pandemia, y en el ámbito religioso se discute sobre si podría tratarse de un castigo de Dios –lo cual algunos afirman mientras otros lo niegan rotundamente–, es importante elevar la mirada directamente hacia Dios.

En estos tiempos difíciles, no pocos nos han pedido ofrecerles alguna ayuda espiritual, lo cual hacemos con gusto. En ese sentido, quisiera hoy presentarles una oración que nosotros rezamos cada mañana para iniciar el día. Se la puede cantar, recitar o también simplemente rezarla en el corazón. leer más

Duelo por el Señor; dolor por los hombres, que no han reconocido a su Redentor y lo han crucificado… Duelo de la Madre por el Hijo amado; luto y desconcierto entre los discípulos, que se dicen confundidos: “Nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel” (Lc 24,21).
Pero el Señor descendió a los infiernos, donde aquellos que todavía estaban a la espera de la Redención, y también a ellos los colmó con su amor.

Judas completó su traición y Jesús fue apresado. Esto sucede después de que el Señor, en Getsemaní, había aceptado el sufrimiento de manos de su Padre y había dado su ‘sí’ a todo lo que le esperaba. Un SÍ que tuvo que atravesar la angustia y la agonía; un SÍ, después de haberle pedido al Padre que, si era posible, aquel cáliz pasara sin tener que beberlo (cf. Mt 26,39-44); un SÍ que expresa la entrega incondicional al Padre; un SÍ por amor a nosotros, los hombres.

Nota preliminar: Estas meditaciones las escribí en el 2018; es decir, que son repeticiones. En ese entonces, aún no se podía prever la situación dolorosa que actualmente estamos viviendo. Es por eso que hay algunas formulaciones que hacen referencia a la celebración eucarística, en el marco de cómo podíamos frecuentarla hasta hace poco.
A pesar de ello, no modificaré esta meditación; sino que se la ofreceré al Señor, pidiéndole que, cuanto antes, los fieles vuelvan a tener acceso a los santos sacramentos, y que se digne acoger esta privación involuntaria como reparación por tantos sacrilegios.

Judas Iscariote fue donde los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Qué me daréis, si os lo entrego?” Ellos le asignaron treinta monedas de plata. (Mt 26,14-15)
La traición de Dios a cambio del dinero injusto… ¡Cuántas veces se repite esta historia! ¡Cuántas veces las personas se venden a cambio de dinero, de honor, de placeres desordenados, de poder!

“En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará.” (Jn 13,21b)
¡Cuán aterradora es esta afirmación! En ella, se nos muestran las más profundas oscuridades que pueden habitar en el hombre. Traicionar el amor, traicionar al amigo, traicionar al Maestro y Señor…