“En mi amor, he tomado posesión de ti. ¡Tú eres mío!” (Palabra interior).
¡Así de profundo llega el amor de nuestro Padre por nosotros! A su amor no le basta con colmarnos de bendiciones y hacernos saber de todas las maneras posibles cuánto cuida de nosotros y nos protege. No, su amor va mucho más allá. Nuestro Padre quiere unirse a nosotros para siempre y establecer su morada en nuestro interior. Los místicos han descrito esta unificación con Dios en términos sublimes, y a veces ni siquiera encontraban palabras por lo embriagados que estaban de su amor.
