LA DELICADEZA DEL AMOR

Vivir en una íntima relación con Dios Padre, tal como Él la desea e incluso la pide, conlleva una gran responsabilidad de nuestra parte. Pensemos en los sacerdotes, a quienes les ha sido encomendado el gran tesoro de los sacramentos. Fijémonos especialmente en el más grande de ellos, el Cuerpo de Cristo presente en el Sacramento del Altar. ¿Cómo lo trata el sacerdote? ¿Con suma reverencia y respeto o con cierta indiferencia y descuido? De alguna manera, podríamos decir que el Señor se entrega en sus manos, y él, por su parte, debe tener mucha delicadeza para corresponder de forma apropiada a la confianza que se le brinda. A este respecto, el Padre nos dice lo siguiente en su Mensaje:

“Quisiera que se genere una gran confianza entre el hombre y su Padre del cielo, un verdadero espíritu de familiaridad y delicadeza al mismo tiempo, para que Mi gran bondad no sea abusada.”

Lo que hemos dicho con respecto al sacerdote cuenta también para todos nosotros, porque el Señor no sólo está presente en el Santísimo Sacramento, sino que nos rodea siempre y en todas las situaciones. Su corazón está abierto de par en par para nosotros, y precisamente por ese gran amor –que puede ser rechazado– es necesario ser delicados para no abusar de él.

Esto cuenta también para las peticiones que le dirigimos al Señor. Si tratamos con una persona que está siempre dispuesta a cumplir cuanto le pedimos, no nos aprovechamos de su bondad. Sentimos que no debemos ceder al egoísmo, de modo que ella, con su talante bondadoso, tenga que servir a este nuestro egoísmo. Lo mismo sucede con nuestro Padre Celestial. Aunque ciertamente podemos llevar confiadamente ante Él nuestros deseos, tanto los de grandes dimensiones como los más pequeños, debemos ser muy cuidadosos para no lastimar esta delicada relación de amor.

El rechazo del evangelio y sus consecuencias

NOTA: Los que llevan algún tiempo siguiendo estas meditaciones diarias, recordarán que solíamos reservar el día 7 de cada mes para una meditación sobre Dios Padre. Sin embargo, desde hace algunas semanas estamos ofreciendo cada mañana un breve impulso para conocer, honrar y amar más profundamente al Padre Celestial, bajo el lema “3 minutos para Abba”. Por tanto, todas las personas que deseen profundizar su relación con Dios Padre están cordialmente invitadas a unirse al siguiente canal de Telegram: https://t.me/tresminutosparaabba

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EN PRESENCIA DEL PADRE

San Benito Abad recomendaba a sus monjes vivir conscientemente en la presencia de Dios. ¡Éste es un excelente consejo, que permite al hombre despertar a la plena realidad! En efecto, una y otra vez se nos describe la verdad de que Dios vela constantemente sobre los suyos. La mirada de Dios se posa sobre todo y todos.

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En Dios nuestro corazón está ‘en casa’

Os 10,1-3.7-8.12

Israel era Vid frondosa, acumulaba frutos: cuanto más fruto producía, más multiplicaba los altares; cuanto mejor era su tierra, mejores estelas construía. Su corazón está dividido, pero ahora lo van a pagar; él romperá sus altares, demolerá sus estelas. Entonces dirán: “No tenemos rey, porque no hemos temido al Señor, y el rey, ¿qué nos podría hacer?”

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PEDID Y SE OS DARÁ

Aunque nuestro Padre sepa de antemano lo que necesitamos, Él quiere que se lo pidamos. Precisamente esta oración de petición nos conduce a la relación correcta con Dios: por una parte, porque cobramos consciencia de quién es Aquel a quien nos dirigimos; y, por otra parte, porque tomamos la actitud adecuada ante Él; es decir, una actitud confiada, sabiéndonos dependientes de Dios y creyendo firmemente que Él nos escuchará.

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Obreros para la mies

Mt 9,32-38

En aquel tiempo, presentaron e Jesús un mudo endemoniado. Y, tras expulsar al demonio, rompió a hablar el mudo. La gente, admirada, decía: “Jamás se vio cosa igual en Israel.” Pero los fariseos comentaban: “Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.” Jesús recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y dolencia.

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El amor de Dios nos corteja

Os 2,16.17b-18.21-22

Así habla el Señor: “Yo la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré a su corazón. Allí, ella responderá como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto. Aquel día -oráculo del Señor- tú me llamarás: ‘Mi esposo’ y ya no me llamarás: ‘Mi Baal’. Aquel día haré para ellos una alianza con las fieras salvajes, con las aves del cielo y los reptiles de la tierra. Arco y espada y armas romperé en el país, y los haré dormir tranquilos. Yo te desposaré para siempre, te desposaré a precio de justicia y derecho, en el amor y la misericordia; te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor.”  

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YO NO TE OLVIDARÉ

¡Cuánto admiramos el amor de una madre, que permanece al lado de su hijo aun en las más difíciles circunstancias! Para no pocas personas, este amor maternal es quizá lo único en que pueden apoyarse en medio de las olas de la confusión y distorsión de la vida.

A través del Profeta Isaías, el Señor mismo nos pone como ejemplo este amor:

“¿Es que puede una mujer olvidarse de su niño de pecho, no compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ellas se olvidaran, Yo no te olvidaré.” (Is 49,15)

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Elogio a la Santa Cruz

Gal 6,14-18

Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo! Porque lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino ser una nueva criatura. Y para todos los que se someten a esta regla, paz y misericordia lo mismo que para el Israel de Dios. Que nadie me cause molestias de ahora en adelante, pues llevo sobre mi cuerpo las señales de Jesús. Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.

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