Día 34: “Verdaderos profetas al servicio de Jesús”  

La lectura de hoy (Jon 3,1-10) es motivo de gran alegría en nuestro itinerario cuaresmal. Toda una ciudad, junto con su rey, se toma en serio la advertencia del profeta Jonás. ¡Así que también hay situaciones en las que las personas se convierten de sus malos caminos! En efecto, los ninivitas hicieron penitencia cuando el rey mandó pregonar:

«“Por mandato del rey y de sus grandes, que hombres y bestias, ganado mayor y menor, no prueben bocado ni pasten ni beban agua. Que se cubran de sayal y clamen a Dios con fuerza; que cada uno se convierta de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos. ¡Quién sabe! Quizás vuelva Dios y se arrepienta, se vuelva del ardor de su cólera, y no perezcamos”. Vio Dios lo que hacían, cómo se convirtieron de su mala conducta, y se arrepintió Dios del mal que había determinado hacerles, y no lo hizo» (vv. 7-10).

¿Cómo se lo tomarían hoy en día? ¿Podemos imaginarnos que surgiera un profeta advirtiendo de una catástrofe inminente y que, efectivamente, consiguiera que una nación, una ciudad, un pueblo o, al menos, una parroquia católica se convirtiera en su totalidad? ¿Cómo se actuaría hoy en día con un profeta así? Ciertamente, sería ridiculizado por completo, y eso por mencionar la forma más leve de rechazo. Probablemente se le trataría como a alguien que advierte de un incendio inminente, pero al que luego se le culpa de ello.

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Día 33: “Los demonios intentan impedir que se reconozca a Jesús”  

 

Nuestro itinerario cuaresmal nos ha traído hoy hasta el así llamado «Primer Domingo de Pasión» y nos acerca cada vez más a la Semana Santa. Las confrontaciones y disputas entre los judíos hostiles y Jesús continúan y se vuelven cada vez más agresivas (Jn 8,46-59). Podemos constatar que el Señor se encuentra ante corazones obstinados, que simplemente no están dispuestos a abrirse a la verdad.

Ya habíamos considerado que ni las curaciones milagrosas, ni la resurrección de Lázaro ni la sabiduría que emanaba de la boca del Señor habían logrado convencer a los judíos. En este contexto, Jesús pronuncia estas palabras, en las que se percibe su lamento: «¿Quién de vosotros podrá acusarme de haber pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios» (vv. 46-47).

Con estas palabras, el Señor nos da la clave para entender por qué los judíos hostiles estaban tan obstinados: no proceden de Dios ni sus pensamientos, palabras y acciones están guiados por Él. Por eso se cierran cada vez más, cuanto más les dice Jesús la verdad.

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Día 32: “Yo soy la luz del mundo”  

En el evangelio de hoy (Jn 8,12-20), Jesús, dirigiéndose a los judíos, pronuncia palabras vigentes para todos los tiempos: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (v. 12).

Son palabras que deben asimilarse en profundidad, palabras que iluminan y nos comunican así la luz que es el mismo Jesús. El Señor se las dirige a la multitud que le escucha, aun sabiendo que todavía no podrían comprenderlas del todo. Con los fariseos, en cambio, la situación se ponía cada vez más tensa.

Éstos se escandalizan una y otra vez por la autoridad que emana de las palabras de Jesús, que debía revelarles quién era Él y abrirles así el camino de la verdad para que lo reconocieran como el Mesías. Si lo hubieran reconocido como el Mesías, se les habría abierto la puerta para conocer más a fondo al Padre Celestial, quien lo envió al mundo. Si se emprende este camino, el Espíritu Santo puede revelarnos cada vez más la verdad y el conocimiento de Dios se vuelve más preciso y amplio, al tiempo que crece el amor por Él.

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Día 31: “La resurrección de un muerto: signo de la amorosa omnipotencia de Dios”  

Tras reflexionar sobre la figura de san José en el marco de nuestro itinerario cuaresmal, escuchamos hoy, tanto en la lectura (1Re 17, 17-24) como en el evangelio (Jn 11,1-45), el relato de la resurrección de un muerto. En el primer caso, se trata del profeta Elías, que resucita al hijo de la viuda que lo había acogido. Este milagro convenció plenamente a la viuda de que Elías era un profeta: «Ahora sé que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor está en tu boca» (v. 24).

Así, se hizo realidad lo que debe suceder a raíz de un milagro así: la fe en la obra de Dios. Efectivamente, se podría decir que la resurrección de un muerto es la prueba visible de que Dios es el dueño de la vida y de la muerte, y de que solo un hombre que le pertenece puede obrar un milagro de tal magnitud. Sin embargo, por desgracia, no todos llegan a esta conclusión, como tenemos que constatar con dolor en diversos pasajes del Evangelio. leer más

Día 30: “San José y la misión del varón”  

Con motivo de la Solemnidad de San José, reflexionaremos hoy, en el marco de nuestro itinerario cuaresmal, un poco sobre aquel a quien Dios escogió para ser padre nutricio de Nuestro Señor Jesucristo.

Mt 1,16.18-21.24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y antes de que conviviesen se encontró con que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. Consideraba él estas cosas, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Al despertarse, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado. leer más

Día 29: “Testimonio para el pueblo de la Antigua Alianza”

El vigésimo noveno día de nuestro itinerario cuaresmal nos invita a reflexionar sobre el pueblo de la Antigua Alianza, del que procede nuestro Señor según la carne y los apóstoles. Hasta el día de hoy no han reconocido al Mesías. En consecuencia, hay judíos que siguen esperando su advenimiento, mientras que otros ven cumplida la promesa mesiánica en el Estado de Israel o corren el peligro de seguir a falsos mesías, si es que la religión aún tiene importancia para ellos.

Como pueblo de la Nueva Alianza, deberíamos llevar siempre en el corazón y en nuestras oraciones la intención de que, después de tanto tiempo, los judíos reconozcan finalmente al Mesías, que no es otro que Jesucristo, el Hijo de Dios.

En la lectura de hoy, escuchamos la profecía de que Dios reunirá a su pueblo de entre todas las naciones, lo devolverá a su tierra, lo purificará de todas sus inmundicias y le dará un corazón nuevo (Ez 36,23-28).

El contexto de estas palabras es que, como los israelitas no vivían en su tierra según el agrado de Dios, Él los dispersó entre las naciones.

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Día 28: “La palabra de Jesús procede del Padre”  

Volviendo a los textos bíblicos que nos acompañan durante la Cuaresma, escuchamos en la lectura (Ex 32, 7-14) cómo los israelitas caen en la idolatría. Moisés tiene que escuchar estas palabras que le dirige el Señor:

«“¡Anda, baja! Porque tu pueblo, el que sacaste de la tierra de Egipto, ha pecado. Bien pronto se han apartado del camino que yo les había prescrito. Se han hecho un becerro fundido y se han postrado ante él; le han ofrecido sacrificios y han dicho: ‘Este es tu Dios, Israel, el que te ha sacado de la tierra de Egipto.’” Y dijo el Señor a Moisés: “Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Déjame ahora que se encienda mi ira contra ellos y los devore; de ti, en cambio, haré un gran pueblo”» (vv. 7-10).

A lo largo de su historia, los israelitas se vieron tentados una y otra vez a rendir culto a falsos dioses. Esa fue una de las razones por las que Dios quiso mantenerlos aislados de los demás pueblos, para que no imitaran sus prácticas idolátricas, que son una abominación a los ojos de Dios. La Sagrada Escritura nos deja claro que estos «falsos dioses» pretenden usurpar el lugar de Dios, y san Pablo nos enseña que los demonios se esconden detrás de los ídolos para engañar a las personas (cf. 1Cor 10,19-20). Hasta el día de hoy siguen haciendo de las suyas para apartar a los hombres del conocimiento de Cristo.

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Día 27: “San Abraham y su sobrina, Santa María”

Puesto que el evangelio de hoy relata nuevamente la purificación del Templo, y ya habíamos desarrollado este tema el séptimo día de nuestro itinerario cuaresmal (https://es.elijamission.net/dia-7-purificacion-del-templo-interior-y-exterior/), he decidido dedicar la meditación de hoy a dos santos cuya fiesta se celebra el 16 de marzo: san Abraham de Edesa (Mesopotamia) y su sobrina María.

Desde muy joven, Abraham anhelaba una vida en soledad con Dios, por lo que pidió permiso a sus padres para ser ermitaño. Sin embargo, sus padres ya habían elegido a una joven que, en su opinión, era digna de él, para que fuera su esposa. Con gran pesar, Abraham les obedeció. La leyenda cuenta que, tras la boda, le comunicó a su mujer su decisión de vivir en abstinencia permanente. Después, se marchó en secreto y se encerró en una celda solitaria situada aproximadamente a una hora de la ciudad de Edesa.

El llamado de Dios a la soledad era tan fuerte que todos los intentos de su familia por devolverlo a su esposa fueron en vano. Amuralló su celda, dejando solo una pequeña ventana por la que recibía lo necesario para vivir.

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Día 26: “El reinado de Cristo”

Ya hemos atravesado más de la mitad de nuestro itinerario cuaresmal y nos acercamos cada vez más a la Semana Santa. El cuarto domingo de Cuaresma es un domingo de alegría (Laetare, en latín). El sacerdote puede utilizar paramentos color rosa para destacar el carácter alegre de este día.

El evangelio de hoy (Jn 6, 1-15) nos presenta la conocida historia de la multiplicación milagrosa de los panes y los peces. La multitud había escuchado la predicación de Jesús y, al final, Él quiso alimentarlos y mostrarles la providencia y la gloria de Dios mediante este signo. Así sucedió, y no solo se saciaron todos, sino que además sobraron doce cestos. El Evangelio testifica que eran cinco mil hombres (v. 10).

Este milagro fue motivo para que la gente alabara a Jesús como el profeta esperado: «Este es verdaderamente el Profeta que viene al mundo» (v. 14). Sin embargo, sacaron una conclusión errónea, como sugiere la Escritura: «Jesús, conociendo que estaban dispuestos a llevárselo para hacerle rey, se retiró otra vez al monte él solo» (v. 15).

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Día 25: “Jesús y la mujer pecadora”  

La extensa lectura de hoy (Dan 13, 1-9.15-17.19-30.33-62) narra la historia de Susana, esposa de Joaquín, a quien Dios libró de las manos de dos malvados jueces que la acusaron falsamente de un grave delito moral. El evangelio (Jn 8,1-11), en el que nos detendremos hoy, relata un acontecimiento lleno de enseñanzas.

¿Cómo se enfrenta Jesús a la culpa de alguien que ha cometido adulterio? Los escribas y fariseos le presentaron a una mujer en estas circunstancias y le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés en la Ley nos mandó lapidar a mujeres así; ¿tú qué dices?» (vv. 4-5).

Evidentemente, los acusadores no querían saber lo que Jesús pensaba al respecto, sino tenderle una trampa para encontrar un motivo de acusación (v. 6). En un primer momento, Jesús no les da ninguna respuesta. Sin embargo, ante su insistencia, pronuncia aquella frase decisiva que debe calar hondo en nosotros y marcar toda nuestra vida y nuestra manera de afrontar situaciones similares: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra» (v. 7). Se lo decía a aquellos fariseos y escribas que esperaban con impaciencia y exigían una respuesta. Al oír estas palabras, comenzaron a marcharse, uno tras otro, empezando por los más viejos (v. 9). ¡Ninguno se atrevió a lanzar una piedra!

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