“UN DIOS MISERICORDIOSO”   

«Dios se complace en la misericordia» (Mi 7,18b).

Nuestro Padre no sólo es misericordioso por el simple hecho de que, de lo contrario, ningún ser humano lograría alcanzar su meta; es decir, no lo es por pura necesidad.

Sin duda, todos estaríamos perdidos sin la gracia de Dios. Ser conscientes de ello nos ayudará a evitar cualquier confianza excesiva en nosotros mismos. Sin embargo, desde el punto de vista de Dios, la cuestión va mucho más allá, tal y como nos atestigua la palabra del profeta Miqueas: a nuestro Padre le complace ser misericordioso con nosotros. Su deseo más íntimo y su gran alegría es hacernos el bien de todas las maneras posibles.

En el Mensaje a sor Eugenia, nuestro Padre Celestial expresa su alegría por hacernos el bien de la siguiente manera: «No me basta con haberos mostrado mi amor; quiero abriros, además, mi Corazón, del cual brotará una fuente refrescante que apagará la sed de todos los hombres. Entonces saborearán alegrías que hasta ahora no habían conocido, a causa de ese enorme peso del temor exagerado que tenían de mí, su tierno Padre».

Nuestro Padre quiere que comprendamos cómo es Él en verdad y que experimentemos hasta qué punto su Corazón está abierto para nosotros. Debemos reconocer con cuánto esmero Dios se preocupa siempre por concedernos lo que necesitamos, tanto en el tiempo como en la eternidad, para estar unidos a Él para siempre. Para nuestro Padre es muy importante que lo comprendamos, ya que, en la medida en que lo asimilamos, nuestra respuesta de amor se vuelve más profunda y luminosa.

Al pueblo de Israel, nuestro Padre le expresó una y otra vez su infinito amor. El profeta Miqueas continúa diciendo: «Volverá a compadecerse de nosotros, pisoteará nuestras culpas. ¡Tú arrojarás al fondo del mar todos nuestros pecados!» (Mi 7,19).

Para mostrar su amor a los hombres de todo el mundo de forma indeleble, nuestro Padre envió a su amado Hijo, para que en Él alcancemos la salvación y la Redención.

«Dios se complace en la misericordia.»