“LA VERDADERA FE NO YERRA”

«El entendimiento humano es débil y propenso al error. La verdadera fe, en cambio, no puede errar» (Tomás de Kempis).

Estas palabras de Tomás de Kempis, un maestro de la vida espiritual, nos traen a la memoria algo muy importante. Aunque el entendimiento sea un don de Dios para el hombre, se ha visto considerablemente afectado por el pecado original. Entre las consecuencias del pecado original se encuentran el oscurecimiento de la razón, el debilitamiento de la voluntad, la inclinación al mal, el sufrimiento y la muerte corporal. Así lo leemos en el Catecismo del Papa Pío X.

Puesto que esa es nuestra condición, corresponde a la prudencia cristiana no basarnos, en primer lugar, en los conocimientos de nuestro entendimiento, sino en la verdadera fe. Aquí debemos escuchar con atención, pues Tomás de Kempis habla de la «verdadera fe», sin duda consciente de que también existen desviaciones y falsas doctrinas. Por ello, en su sabiduría y bondadosa providencia, nuestro Padre Celestial nos ha concedido el Magisterio de la Iglesia para preservar la fe transmitida por los apóstoles y defenderla de las herejías que la atacan una y otra vez.

Si permanecemos en la verdadera fe, nos movemos sobre el fundamento que Dios mismo ha colocado y podemos someter confiadamente nuestro entendimiento, que es susceptible de error, a la fe, que no yerra. Ella iluminará la razón con su luz resplandeciente y la guiará por el camino recto.

Una gran tentación del así llamado modernismo consiste en anteponer el raciocinio humano a la fe sobrenatural. De este modo, se corre el peligro de divinizar, por así decirlo, nuestro propio entendimiento. ¡Qué confusión!

Por ello, es aún más importante que consideremos nuestra fe católica como un gran regalo de nuestro Padre Celestial y que no permitamos que nada, ni de fuera ni de dentro, la empañe.