“LA MUERTE PIERDE SU ESPANTO”   

«La muerte no infunde terror a un sincero servidor de Cristo, que se esfuerza por guiar a las almas hacia el conocimiento de la verdad» (Beato Ramón Llull).

A medida que nos acercamos a la gran meta de encontrarnos con el Señor en la hora de nuestra muerte, resulta muy reconfortante saber que hemos intentado sinceramente cumplir con nuestro trabajo en la viña del Señor. Apenas hay algo más importante que podamos hacer en la Tierra que ayudar a las personas a conocer a Dios y seguir sus caminos. Si lo hemos hecho, puede surgir en nosotros esa seguridad que se aprecia en san Pablo cuando afirma que le «está reservada la merecida corona» de la victoria (2Tim 4,8).

Entonces, la muerte deja de ser ese «gran desconocido» al que hay que temer y, por el contrario, se convierte en la puerta de entrada hacia la gloria y en una valiosa amonestación para que no decaigamos en nuestros esfuerzos por la salvación de las almas. Porque ¿quién, salvo Dios mismo, sabe cuánto tiempo nos queda aún en la Tierra?

¡Cuán valiosa es cada alma en particular por la que el Señor ha derramado su sangre! Ningún esfuerzo por salvarla es en vano, aunque no apreciemos progresos. Al fin y al cabo, es nuestro Padre mismo quien puede convencer a un alma. Sin embargo, ¡hasta qué punto llega nuestro llamado a colaborar en su obra!

Cuando cumplimos su voluntad, lo cual es muy importante para nuestro Padre, ya que anhela que los hombres encuentren en Él su verdadero hogar, acojan sus dones y no se pierdan, surge una intimidad especial con Dios. Se podría decir que es una unión con la Santísima Trinidad, precisamente en su anhelo más profundo de amor y en su búsqueda del ser humano. Gracias a la presencia de Dios en nuestro corazón, este anhelo suyo se convierte también en el mayor deseo de su servidor, por el que está dispuesto a entregar su vida.

Cuando esto sucede, la muerte ya no puede infundirle temor. Cuando llegue su hora, el tiempo de sufrimiento en la tierra habrá llegado a su fin y le esperará la dicha del cielo.