Para el Señor es importante que lo conozcamos como Él realmente es. Jesús mismo trata de transmitirnos una y otra vez la verdadera imagen del Padre. En efecto, sólo cuando tenemos la imagen correcta de Él, podemos vivir en una relación confiada con Él, tal como lo ha previsto para nosotros. Entonces resplandece aquella gozosa realidad que la luz de Dios difunde en este mundo, y se hacen realidad las palabras de Jesús: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,14).
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“TENED PIEDAD DE VOSOTROS MISMOS”
“Mis queridos hijos, desde hace ya veinte siglos os he colmado de estos bienes con gracias especiales, ¡pero el resultado es mínimo!” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
Estas palabras del Padre nos permiten echar una mirada en su Corazón. La relación entre las riquezas que Dios nos da y los frutos que damos a partir de ellas es desproporcionada. Día a día podemos fortalecernos a través del Santo Sacrificio de la Misa, recibir el perdón en el sacramento de la penitencia cuando hemos caído en nuestra debilidad, acoger el amor que el Redentor nos ofrece desde la Cruz y tantas otras gracias que el Padre nos brinda para nuestra vida espiritual. ¡Todo está a nuestra disposición y en abundancia!
EL CAMINO REGIO
“Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1Jn 4,16b).
Ya sea que se exprese en la contemplación, en la meditación o en las obras, el camino regio es el amor. Si permanecemos en el amor, el Padre permanece en nosotros. Y este camino podemos recorrerlo en todo momento y en cualquier circunstancia: siempre podemos intentar optar por el mayor amor.
CONQUISTAR ALMAS CON EL AMOR
Estamos llamados a llevar a los hombres el mensaje de que Dios los ama infinitamente, y a mostrarles los caminos que el Padre Celestial ha escogido para darles la certeza de este amor.
A Dios le agrada hacernos partícipes de esta noble tarea, convirtiéndonos así en colabores suyos.
EL SEÑOR ES MI PASTOR
“El Señor es mi pastor, nada me falta” (Sal 23,1).
Para dársenos a entender, nuestro Señor nos habla con comparaciones que conocemos de nuestra vida humana. La imagen del Buen Pastor que, en su actitud vigilante, no pierde de vista el rebaño que le ha sido encomendado, quiere transmitirnos cómo el Señor vela sobre los suyos.
“MI LUZ AHUYENTA TODA OSCURIDAD”
“Mi luz ahuyenta toda oscuridad, hasta el punto de que te duela haber tenido aún el más mínimo pensamiento equivocado” (Palabra interior).
Dios es luz y no hay en Él sombra alguna (1Jn 1,5). Nuestro Padre es el amor (1Jn 4,8b). Cuando el amor se derrama en nuestros corazones y nosotros nos dejamos mover por él, no podrá subsistir nada que se oponga a este amor. Así es como tiene lugar la purificación del corazón.
“CON MI DIOS ASALTO LA MURALLA”
“Fiado en ti, fuerzo el cerco,
con mi Dios asalto la muralla” (Sal 17,30).
Nuestro Padre nos da la valentía de hacer grandes cosas con Él. No pocas veces se levantan “cercos y murallas” en el camino de seguimiento del Señor, que quieren desanimarnos: obstáculos que parecen insuperables, una dificultad tras otra, contrariedades y quizá incluso enemistades concretas.
LA OBRA DEL ESPÍRITU
Nuestro amado Padre quiere morar en nuestras almas y edificar en ellas su templo. Así como San Pablo nos dice, estamos llamados a ser templo del Espíritu Santo (1Cor 6,9). Entonces, no son solamente las majestuosas y hermosas catedrales donde el Señor mora en el Sagrario; sino que en todo momento y en todo lugar podemos encontrarlo en nuestro propio corazón, que se convierte en tabernáculo de su gracia. Así habla el Padre en el Mensaje con respecto a la acción del Espíritu Santo:
UN CORAZÓN NUEVO
“Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” (Ez 36,26).
¡Lo que está en juego es el corazón del hombre! ¿A quién le pertenece?
EL CORAZÓN DE DIOS ES NUESTRO REFUGIO
“Mientras permanezcas en mi corazón, estarás bajo mi protección divina. Aunque los poderes de las tinieblas se subleven, nada alcanzarán” (Palabra interior).
Nuestro Padre nos ofrece su Corazón como refugio, pues contra Él nada pueden lograr los poderes de las tinieblas. Éstos atacan al hombre para confundirlo y, de ser posible, arrebatarle la gracia. Pero, si permanecemos en el Corazón de Dios, sus esfuerzos serán en vano.
