“¿QUÉ PODRÁ HACERME EL HOMBRE?” 

“En Dios, cuya palabra alabo (…), en Dios confío y no temo; ¿qué podrá hacerme un hombre?” (Sal 55,11-12)

En ningún sitio encontraremos verdadera paz y seguridad mientras la palabra de nuestro Padre no se nos convierta en alimento cotidiano. En todas las situaciones que se nos presenten, la Palabra del Señor nos nutrirá. Si nos entregamos sin reservas a nuestro Padre, sabremos aceptar de su mano aun las situaciones difíciles de nuestra vida, de modo que éstas experimentarán una transformación desde dentro. Aunque normalmente tales situaciones son capaces de subyugarnos, no sucederá así si nuestra alma está unida a Dios. Puesto que nuestro Padre es el Señor de toda circunstancia en nuestra existencia, la confianza podrá surgir aun en medio de la espesura que quiere engullirnos.

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Jesús se aparece a María Magdalena

Jn 20,11-18

En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro y vio dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Le preguntaron: “Mujer, ¿por qué lloras?” Ella les respondió: “Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto.”

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El Evangelio salva al mundo

1Cor 15,1-8

Hermanos, quiero traeros a la memoria el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el que permanecéis firmes; y el que os salvará, si lo guardáis tal como os lo prediqué. Si no, ¡habríais creído en vano! En primer lugar os trasmití lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; que después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los que todavía la mayor parte viven, aunque otros ya murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí, que soy como un aborto.

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SÁBADO SANTO: “Duelo por el Señor”

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Duelo por el Señor; dolor por los hombres, que no han reconocido a su Redentor y lo han crucificado… Duelo de la Madre por el Hijo amado; luto y desconcierto entre los discípulos, que se dicen confundidos: “Nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel” (Lc 24,21).

Pero el Señor descendió a los infiernos, donde aquellos que aún estaban a la espera de la Redención, y también a ellos los colmó con su amor.

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“TODO ESTÁ CONSUMADO”

“’Todo está consumado.’ E inclinando la cabeza, entregó el espíritu” (Jn 19,30).

Hoy, junto con el Padre Celestial y todos los fieles, nuestra mirada se posa en la Cruz de la que pendió el amado Hijo. Allí, en la Cruz erigida sobre el Calvario, fue quebrantado el poder del mal por el amor manifiesto de Dios. Es el Padre quien nos concede la verdadera vida a través del sacrificio de su Hijo; una nueva vida, que ya no tiene que esconderse de Dios a causa de sus culpas. “Él mismo cargó nuestros pecados en su cuerpo” (1Pe 2,24), y hemos sido liberados. ¡Hoy es el gran viernes, el viernes santo! Dios, el Bueno, todo lo ha hecho bien (cf. Mc 7,37).

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