EL TRIUNFO DEL AMOR

La mansedumbre, que es obra del Espíritu Santo en el alma, puede conquistar más corazones que la dureza” (Palabra interior).

Aquí se hace referencia a un maravilloso fruto del Espíritu Santo en nuestra alma. A través del Espíritu Santo, nuestro Padre edifica su Reino en nuestro corazón. Así lo expresa en el Mensaje a la Madre Eugenia:

“La obra de esta Tercera Persona de mi divinidad se realiza sin bullicio, y a menudo el hombre no la percibe. Pero para mí es una manera muy apropiada de permanecer, no solo en el Tabernáculo, sino también en el alma de todos aquellos que están en estado de gracia, para establecer allí mi trono y morar siempre ahí, como un verdadero Padre que ama, protege y asiste a su hijo.”

El P. Louis Lallemant S.J., maestro de la vida espiritual, lo describe así: La inhabitación del Espíritu Santo en nuestra alma hace que el fuego de la ira se apacigüe y que la presencia del Señor, con la paz que trae consigo, eche profundas raíces en el corazón. Cuando esta paz se asienta cada vez más en el alma, a través de la práctica de las virtudes y el influjo de la gracia, “entonces la mansedumbre es capaz de refrenar sin mayor esfuerzo los impulsos de la ira. El alma permanece en el mismo estado de ánimo y nunca pierde el equilibrio. De esta manera, el Espíritu Santo ha tomado posesión de todas las pasiones y mantiene lejos del alma toda tristeza desordenada, o al menos no permite que ésta se apodere de ella. Incluso el espíritu del mal rehúye un alma así y no se atreve a acercársele.”

La amorosa presencia de nuestro Padre Celestial produce nuestra transformación interior a través de los dones del Espíritu, de modo que adoptamos su suave y delicada manera de ser y de actuar. Esta suavidad conquista almas para el Reino de Dios con más facilidad, porque los corazones de los hombres pueden descubrir más rápidamente el amor en ella que si se encuentran con dureza. La constitución del alma humana se complace en la mansedumbre, con la firmeza que le es propia. Así, ésta puede conquistar más corazones, en los que se hace realidad el triunfo del amor.