“VIVIR EN LA CERCANÍA DE DIOS” 

«Los hombres deben vivir cerca de mí y ser partícipes de mi sabiduría» (Palabra interior).

Esto es lo que nuestro bondadoso Padre ha previsto para nosotros: una vida de intimidad y amor natural con Él, cobijados por su cercanía. Al mismo tiempo, también es un llamado a asumir el lugar que nuestro Padre ha dispuesto para nosotros en su Reino.

En las circunstancias de un mundo, alejado de Dios y bajo el acoso de Satanás —que envidia a los hombres esta cercanía con el Señor y la sabiduría que conlleva, y que quiere ponernos trabas—, esto también supone una lucha. Dios no nos exonera de este combate, que nos da la oportunidad de demostrarle nuestro amor y fidelidad, y de corresponder así a su amor. En la unión con su Hijo, tenemos la victoria asegurada. Y la lucha se limita únicamente al tiempo que nos queda en la Tierra.

La cercanía de Dios y la participación en su sabiduría son el alimento que nuestro Padre concede día tras día a sus fieles para que aprendan a contemplar el mundo y las circunstancias de la vida desde su perspectiva y sepan actuar en consecuencia, guiados por su Espíritu. Sucede igual que con el amor: cuanto más amamos, más crece el amor, tal y como nos dice Jesús: «Al que tiene se le dará» (Mt 13, 12). Cuanto más encontremos nuestro hogar en la cercanía de nuestro Padre y vivamos en un diálogo íntimo con Él, más podrá guiarnos e iluminarnos su Espíritu.

Recordemos que vivir en la cercanía de nuestro Padre Celestial no solo es el anhelo insaciable de nuestra alma, que añora volver a casa tras su exilio, sino que también es el gran deseo de nuestro Padre. Él quiere que sus hijos acojan todo lo que les tiene preparado.