“¡ES HORA DE DESPERTAR!”  

«¡Es hora de que despertemos y nos levantemos!» (San Benito).

Ciertamente, san Benito no dirigió esta exhortación exclusivamente a sus monjes. Por tanto, podemos tomarla como una orientación en nuestro camino, que se extiende a todos los discípulos del Señor.

Con diversos matices y con ahínco, las Sagradas Escrituras nos hablan de la vigilancia. Detrás de este término siempre subyace la advertencia de descuidar lo esencial de la vida y, con ello, a Dios mismo. También se habla de la «somnolencia del pecado». De hecho, el pecado, sobre todo cuando nos hemos acostumbrado a él, siempre nos hace caer en una especie de letargo y nos vuelve menos vigilantes ante las indicaciones del Señor. En tal estado, estamos privados de la verdadera vida.

Pero no solo el pecado nos vuelve perezosos. También lo provocan nuestro apego desordenado a las cosas de este mundo y la excesiva atención que prestamos a cosas que, en realidad, no son tan importantes, pero que quieren absorbernos.

Sin embargo, también podemos descubrir otra dimensión en la frase de hoy. Quizá podamos entenderla como una palabra de nuestro Padre celestial que nos recuerda nuestra vocación como cristianos y nuestra dignidad como hijos de Dios, a la que debemos despertar plenamente. En una época en la que la fe cristiana se ve amenazada en muchas partes del mundo y se la relativiza y minimiza incluso dentro de la Iglesia, la frase de hoy puede servirnos de exhortación para levantarnos y dar testimonio de la «única cosa necesaria» (cf. Lc 10,42).

Es preciso tomar conciencia del gran tesoro que se nos ha confiado con la santa fe, que no solo debe vivirse dentro de la Iglesia, sino también anunciarse a todos los hombres para que encuentren la salvación en Cristo. Tal vez tengamos que levantarnos y recordar siempre que la misión es un encargo del Señor Resucitado para salir, junto con nuestro Padre celestial, en busca de sus hijos e hijas perdidos.