“DIOS NOS LIBRA DE LAS TRAMPAS” 

«El Señor estará a tu lado y librará tus pies de la trampa» (Prov 3,26).

Sin duda, en nuestro camino de seguimiento de Cristo se nos tienden trampas peligrosas. Muchas de ellas las permite el Señor para ponernos a prueba. No en vano, una y otra vez escuchamos la exhortación a la vigilancia, pues existen múltiples tentaciones que quieren desviarnos del camino recto.

Ahora bien, la vigilancia no debe confundirse con la desconfianza. La vigilancia es consciente de la existencia del mal y nos enseña a lidiar con él, mientras que la desconfianza lo ve por doquier y se siente constantemente amenazada. La vigilancia tampoco es compatible con una cierta ingenuidad que no sabe medir correctamente la situación a la que nos enfrentamos y nos hace sentir seguros a nivel emocional porque ni siquiera se percata de los peligros que nos acechan.

Nuestro divino Padre nos señala la actitud correcta con la que debemos afrontar las trampas y los peligros que nos rodean: ¡la confianza! ¡Dios mismo es nuestra seguridad! Si le entregamos toda nuestra vida y cada uno de nuestros pasos, sin flaquear ni caer en la ligereza, entonces podemos confiar plenamente en que el Señor nos preservará de las trampas. Su Espíritu nos advertirá en el momento preciso. A veces, también impedirá claramente que sigamos avanzando en la dirección equivocada. Dios dispone de muchos medios para protegernos. Cuando lleguemos a la unión plena con Él en la eternidad, reconoceremos, llenos de gratitud y alabanza, cuántas veces nos protegió sin que nos diéramos cuenta.

La clave para nosotros es Él mismo y nuestra confianza en Él. Por tanto, es muy sabio esforzarnos cada día para que nuestro corazón se llene cada vez más de esta confianza.