Fe y obras

St 2,14-26

¿De qué sirve, hermanos míos, que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Acaso la fe podrá salvarle? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento cotidiano, y alguno de vosotros les dice: ‘Id en paz, calentaos y saciaos’, pero no le dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta. Pero alguno podrá decir: ‘Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo por mis obras te mostraré la fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien; pero también los demonios lo creen, y se estremecen’. 

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Trato hacia ricos y pobres

St 2,1-13

Hermanos míos, no intentéis conciliar la fe en nuestro Señor Jesucristo, glorioso, con la acepción de personas. Supongamos que entra en vuestra asamblea un hombre con anillo de oro y vestido espléndido, y entra también un pobre mal vestido. Y os fijáis en el que lleva el vestido espléndido y le decís: ‘Tú, siéntate aquí, en buen sitio’; y, en cambio, al pobre le decís: ‘Tú, quédate ahí’, o ‘siéntate en el suelo, a mis pies’. ¿No estáis haciendo entonces distinciones entre vosotros y juzgando con criterios perversos? Escuchad, hermanos míos queridísimos: ¿acaso no escogió Dios a los pobres según el mundo, para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis deshonrado al pobre.

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Diligentes para escuchar y tardos para hablar

St 1,19-27

Tenedlo presente, hermanos míos queridos: Que cada uno sea diligente para escuchar, tardo para hablar y tardo para la ira; porque la ira del hombre no hace lo que es justo ante Dios. Por eso, desechad todo tipo de inmundicia y de maldad, y recibid con docilidad la palabra sembrada en vosotros, capaz de salvar vuestras almas. Poned por obra la palabra y no os contentéis sólo con oírla, engañándoos a vosotros mismos.

Porque quien se contenta con oír la palabra, sin ponerla en práctica, es como un hombre que contempla la figura de su rostro en un espejo: se mira, se va e inmediatamente se olvida de cómo era. En cambio, quien considera atentamente la ley perfecta de la libertad y persevera en ella -no como quien la oye y luego se olvida, sino como quien la pone por obra- ése será bienaventurado al llevarla a la práctica. Si alguno se cree religioso, pero no pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad es vana. La religiosidad pura e intachable ante Dios Padre es ésta: ayudar a huérfanos y viudas en su tribulación y guardarse incontaminado de este mundo. leer más

EPÍSTOLA DE SANTIAGO – “El sentido y la esencia de la tentación”

Con el comienzo del nuevo año, me gustaría volver a meditar sistemáticamente un libro de las Sagradas Escrituras. En esta ocasión, he elegido la Epístola de Santiago. Como de costumbre, al final de cada texto incluiremos los enlaces correspondientes para quienes prefieran escuchar una meditación sobre la lectura o el evangelio del día.

St 1,2-18

Hermanos míos: considerad una gran alegría el estar cercados por toda clase de pruebas, sabiendo que vuestra fe probada produce la paciencia. Pero la paciencia tiene que ejercitarse hasta el final, para que seáis perfectos e íntegros, sin defecto alguno. Si alguno de vosotros carece de sabiduría, que la pida a Dios -que da a todos abundantemente y sin echarlo en cara-, y se la concederá. Pero que la pida con fe, sin vacilar; pues quien vacila es como el oleaje del mar, movido por el viento y llevado de un lado a otro. 

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Feria de Navidad: “El Nombre de Jesús y la resistencia contra el Anticristo”

Según el calendario tradicional, el 2 de enero o el domingo siguiente se celebra la Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús. Escucharemos, pues, el breve evangelio para esta ocasión:

Lc 2,21

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, le pusieron por nombre Jesús, como le había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno.

El nombre de Jesús significa “Dios salva”, y expresa así de manera muy sencilla lo que Dios hizo por nuestra salvación a través suyo. Por medio de su Hijo, Dios rescató de su situación desesperada al hombre, que nunca hubiera podido liberarse por sí mismo de las cadenas del pecado y de la muerte. El hombre necesita para ello la gracia de Dios, quien se manifestó como hombre en el Mesías de todos los pueblos.

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EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 22: “Preparación inminente para Navidad”

Durante las tres primeras semanas de Adviento, nos hemos preparado para la Venida del Señor desde tres perspectivas diferentes.

  • En la primera semana, meditamos sobre la venida histórica de Jesús al mundo a través de los textos bíblicos y la liturgia, que atestiguan el advenimiento del Redentor.
  • En la siguiente semana reflexionamos sobre el nacimiento de Cristo en nuestro corazón, de modo que el acontecimiento bíblico también se haga realidad en nuestro interior. Y es que el Señor no solo quiso nacer en Belén, sino que también quiere vivir de forma real en nuestros corazones.
  • En la tercera semana, nos centramos en el tema de la Segunda Venida del Señor, que debería despertarnos para aprovechar el tiempo y allanarle el camino.

Para que la vida cristiana sea plena, estos tres aspectos deben ir de la mano y hay que tenerlos presentes. Sin la realidad histórica de la Redención, nuestra fe sería un mito; sin su interiorización, carecería de profundidad; y sin la perspectiva del Retorno de Cristo, perdería su enfoque en la meta y se reduciría su dinamismo.

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EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 4: “Abrahán e Israel”

El amor de Dios encuentra a aquellos que no le cierran su corazón. No todos le han dado la espalda; no todos viven indiferentes mientras transcurre su vida terrena; no todos permanecen sumidos en el letargo ni mantienen sus oídos cerrados al llamado de Dios. ¡También hay quienes le son fieles!

Después de Noé, Dios encontró a Abraham, el padre de los creyentes (cf. Rom 4,1-3), y le dijo:

«Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra» (Gen 12,1-3).

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Contado, pesado, dividido

Dan 5,1-6.13-14.16-17.23-28

En aquellos días, el rey Baltasar ofreció un banquete a mil nobles del reino, y se puso a beber delante de todos. Después de probar el vino, mandó traer los vasos de oro y plata que su padre, Nabucodonosor, había cogido en el templo de Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey y los nobles, sus mujeres y concubinas. Cuando trajeron los vasos de oro que habían cogido en el templo de Jerusalén, brindaron con ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y concubinas. Apurando el vino, alababan a los dioses de oro y plata, de bronce y hierro, de piedra y madera. De repente, aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo sobre el revoco del muro del palacio, frente al candelabro, y el rey veía cómo escribían los dedos. Entonces su rostro palideció, la mente se le turbó, le faltaron las fuerzas, las rodillas le entrechocaban.

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Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo: “El Reino de Cristo”

Lc 23,35b-43

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas y decían: “Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si es el Cristo de Dios, el Elegido.” También los soldados se burlaban de él; se acercaban, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate!” Había encima de él una inscripción: “Éste es el rey de los judíos.” Uno de los malhechores crucificados lo insultaba: “¿No eres tú el Cristo? ¡Pues sálvate a ti y a nosotros!” Pero el otro le increpó: “¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio éste nada malo ha hecho.” Y le pedía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.” Jesús le contestó: “Te aseguro que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso.”

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Obedecer a Dios antes que a los hombres

1Mac 2,15-29

Los enviados del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para los sacrificios. Muchos israelitas acudieron donde ellos. También Matatías y sus hijos fueron convocados. Tomando entonces la palabra los enviados del rey, se dirigieron a Matatías y le dijeron: “Tú eres jefe ilustre y poderoso en esta ciudad, y estás bien apoyado de hijos y hermanos. Acércate, pues, el primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las naciones, los notables de Judá y los que han quedado en Jerusalén. Entonces tú y tus hijos seréis contados entre los amigos del rey, y os veréis honrados, tú y tus hijos, con plata, oro y numerosas dádivas.”

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