LA IRA DEL SEÑOR

“Aun si las personas se encuentran con mi ‘ira’, quiero que sepan que las amo y las llamo a la conversión” (Palabra interior). 

“El Señor corrige a quien ama” (Hb 12,6). La intención de nuestro Padre es siempre la de llamarnos a la conversión. Si permite que las personas sientan las consecuencias de su actuar, es decir, que se encuentren con su “ira”, entonces también esto lo hace movido por amor, con el fin de sacudirlas y despertarlas. A veces parece no haber otra alternativa para apartar a la persona de sus malos caminos y hacer que se vuelva a Dios.

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SERVIR EN EL ‘KAIRÓS’

“Cada día es importante, a cada hora ofrezco mi salvación a los hombres. Tú has de servir a llevarla a los hombres, para alegría de tu Padre que te ama” (Palabra interior).

Estamos llamados a vivir en el “kairós”; es decir, estar conscientes de que HOY es el “tiempo propicio” y el día en que se ofrece la salvación a los hombres (cf. 2Cor 6,2). El camino hacia ella está abierto: Si escucháis HOY su voz, no endurezcáis vuestro corazón” (Sal 95,7-8).

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ORO INDESTRUCTIBLE

“Atesora oro indestructible en la cámara del tesoro de Dios” (Palabra interior).

En nuestro camino de seguimiento de Cristo, nuestro Padre nos permite tener parte en los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1,24). Pueden sobrevenirnos persecuciones y calumnias por causa del Nombre de Jesús. Si nos aferramos a la verdad por amor a Dios, no es raro que surjan conflictos con aquellos que no quieren aceptar la verdad, y esto es causa de sufrimiento. Jesús mismo nos lo predijo: “Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán” (Jn 15,20). 

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“LUCHAN CONTRA MÍ”

“No temas cuando la bestia grite y el león ruja. No podrán lograr nada, porque luchan contra mí” (Palabra interior).

La imagen del león representa al demonio, como nos dice el Apóstol San Pedro en la breve lectura que escuchamos cada noche en el rezo de las Completas:

“Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quien devorar” (1Pe 5,8).

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“MI AMOR ES MÁS GRANDE QUE TUS CULPAS”

“Mi amor es infinitamente más grande que tus culpas” (Palabra interior).

Nuestro Padre se vale incluso de la oscuridad del pecado para hacer brillar su luz. Ciertamente la oscuridad en el alma y en el mundo puede tener diversas causas; pero no pocas veces es resultado del pecado y sus consecuencias. Sin embargo, Dios puede manifestar su misericordia en esta oscuridad, si se la abre a Él.

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AHUYENTAR LA OSCURIDAD

“Busca siempre la luz, para unirte a ella y ayudar a ahuyentar la oscuridad” (Palabra interior).

La luz ahuyenta la oscuridad. Si aceptamos la invitación de buscar siempre la luz, las tinieblas empezarán por ceder en nuestro propio interior, pues el Espíritu Santo mismo es la “luz que penetra las almas” (Secuencia de Pentecostés).

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“BÚSCAME Y SIEMPRE ME ENCONTRARÁS”

“Pídeme y te daré; búscame y siempre me encontrarás; toca y la puerta estará abierta de par en par para ti” (Palabra interior).

Podemos tener por cierto que siempre encontraremos abierta la puerta del Corazón de Dios cuando nos acerquemos a Él. Quizá no estemos tan conscientes de ello, porque aún no conocemos lo suficiente a nuestro Padre Celestial. Si llegamos a conocerle mejor, esta puerta abierta se nos convertirá en una profunda certeza. Nos resultará tan natural que siempre daremos por sentado que el Padre nos recibirá con su Corazón abierto y nos prestará su amorosa atención.

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ESTAD TRANQUILOS

“Estad tranquilos y despreocupados, sin perder jamás la vigilancia y concentración del alma” (Palabra interior).

Combinar estos dos elementos es un arte espiritual muy fino. Esta tranquilidad despreocupada surge de la seguridad de saberse cobijado en Dios y de vivir concretamente en esta certeza. Entonces, todas las situaciones que se nos presentan no serán superadas en primer lugar a través de los esfuerzos de nuestra voluntad; es decir, con nuestras propias fuerzas, lo cual fácilmente lleva a una tensión interior. Antes bien, serán afrontadas escuchando atentamente las directrices del Señor. Nuestra voluntad sigue entonces el hilo del Espíritu Santo y se acopla dócil y tiernamente a él.

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