Día 13: “Causas de la miseria en la tierra”

Nuestro itinerario cuaresmal nos presenta hoy una oración suplicante del profeta Daniel, que tenía muy claro el motivo por el que Jerusalén había caído en la ruina.

“Señor Dios nuestro (…), nosotros hemos pecado y actuado injustamente. Señor, por tu infinita justicia, retira tu cólera enfurecida de Jerusalén, tu ciudad y monte santo; pues por nuestros pecados y por los crímenes de nuestros antepasados, Jerusalén y tu pueblo son la burla de cuantos nos rodean. Y ahora, Dios nuestro, escucha la oración y las súplicas de tu siervo y mira con buenos ojos tu santuario arruinado, ¡por tu honor, Señor! Inclina, Dios mío, tu oído y escucha; abre tus ojos y mira nuestra desolación y la ciudad en la que se invoca tu nombre, pues nuestras súplicas no se fundan en nuestra justicia, sino en tu gran misericordia. ¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y actúa sin tardanza! ¡Por tu honor, Dios mío, pues tu nombre se invoca en tu ciudad y en tu pueblo!” (Dan 9,15-19).

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“¡NO PERDEMOS LA ESPERANZA!”

En realidad, amado Padre, nuestra vida podría ser tan sencilla, incluso después de la dolorosa pérdida del Paraíso, porque Tú pones todo de tu parte para que vivamos con la dignidad que nos has otorgado. La vida contigo es, en realidad, de una magnífica sencillez: te reconocemos como nuestro amantísimo Padre, escuchamos tus instrucciones y, con tu gracia, ponemos en práctica lo que nos dices. Entonces, la paz y la felicidad habitan en nosotros, aunque, mientras dure nuestra peregrinación hacia la eternidad, tengamos que librar algunos combates en la tierra. Incluso cuando nos haces partícipes del sufrimiento de tu Hijo, como explica san Pablo (Col 1, 24), para cooperar en la salvación de otras personas que aún viven lejos de ti y a las que quieres conducir a su hogar eterno como hijos tuyos, ¡permanece en nosotros la verdadera dicha que eres Tú!

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“LA PUREZA DIFUNDE LUZ”

Amado Padre, en la lectura de hoy nos exhortas, a través de tu apóstol, a abstenernos de toda impureza. Es terrible ver cómo este vicio oscurece la vida de una persona y le impide percibir la luz refulgente que emana de la pureza de los santos ángeles y de tantas vírgenes que estuvieron dispuestas a dar su vida para preservarla, ¡y el resplandor radiante de la Virgen purísima! Además, todo esto se ve eclipsado cuando la impureza espiritual de las falsas doctrinas penetra en nuestra Iglesia, quizá incluso acompañada de otras formas de impureza.

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Día 12: “Un tema delicado”

1Tes 4,1-7

Hermanos, os rogamos y os exhortamos en el Señor Jesús a que, conforme aprendisteis de nosotros sobre el modo de comportaros y de agradar al Señor, y tal como ya estáis haciendo, progreséis cada vez más. Pues conocéis los preceptos que os dimos de parte del Señor Jesús. Porque ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os abstengáis de la fornicación: que cada uno sepa guardar su propio cuerpo santamente y con honor, sin dejarse dominar por la concupiscencia, como los gentiles, que no conocen a Dios. En este asunto, que nadie abuse ni engañe a su hermano, pues el Señor toma venganza de todas estas cosas, como ya os advertimos y aseguramos; porque Dios no nos llamó a la impureza, sino a la santidad.

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Día 11: “Alegría, oración y gratitud”

En la lectura de hoy (1Tes 5,14-23), escuchamos las instrucciones de San Pablo a la comunidad de Tesalónica sobre cómo deben vivir para que la paz de Dios reine entre ellos y para que todo su ser se conserve sin mancha «hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo» (v. 23). Hoy nos detendremos en tres de las diversas exhortaciones que el Apóstol dirige a los tesalonicenses:

1) «Estad siempre alegres» (v. 16).

2) «Orad sin cesar» (v. 17).

3) «Dad gracias por todo» (v. 18).

«Estad siempre alegres».

Ciertamente, no se trata de una alegría a nivel sentimental. Por muy hermosa que esta sea, puede desvanecerse rápidamente y ser sustituida por otros sentimientos. San Pablo debe referirse más bien a una alegría espiritual: la alegría en Dios. Al recordar cada día que Dios nos ama, podemos hallar una alegría profunda y duradera, especialmente si tomamos conciencia de que ni siquiera nos retira su amor cuando somos débiles y no estamos a la altura de lo que nos habíamos propuesto. Dios ha pronunciado un «sí» irrevocable sobre nuestra vida, con el que podemos hacer frente a los diversos «no» que encontramos dentro y fuera de nosotros.

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“UN CORAZÓN AGRADECIDO”

Amado Padre, ¿cómo podemos convertir nuestro corazón en un jardín de gratitud, desde el cual la alegría en ti fluya hacia todas las personas? ¡Qué luz podría irradiar en este mundo, en el que tantas personas desconocen la verdadera alegría y buscan su felicidad en cosas pasajeras! Además, sería un arma potente contra aquellos poderíos que quieren oscurecer nuestras vidas. ¡Les arrebataríamos, por así decirlo, las armas con las que tanto se complacen en atormentar a las personas! Difícilmente podrán atacar a un corazón agradecido en el que habita la alegría que viene de ti.

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Día 10: “Valiosas advertencias”

En la lectura de hoy (Ez 18,20-28), el Señor se enfrenta a un litigio con su pueblo, que lo acusa de ser injusto. ¿Cuál es el motivo? El Señor se explica:

«En cuanto al malvado, si se aparta de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, vivirá sin duda, no morirá. Ninguno de los crímenes que cometió se le recordará más; vivirá a causa de la justicia que ha practicado. ¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado —oráculo del Señor—, y no más bien en que se convierta de su conducta y viva?» Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿acaso vivirá? No, no quedará ya memoria de ninguna de las obras justas que había practicado, sino que, a causa de la infidelidad en que ha incurrido y del pecado que ha cometido, morirá» (Ez 18,21-24).

Evidentemente, los judíos estaban en desacuerdo con estas afirmaciones, pues el Señor les dice a través del Profeta: «Vosotros decís:  “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad, casa de Israel: ¿Que no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo?» (v. 25).

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 “TUS ADVERTENCIAS VALEN MÁS QUE EL ORO”

Amado Padre, Tú nos guías de diversas maneras en nuestro camino de seguimiento de Cristo. Las advertencias son uno de los valiosos regalos que nos concedes. Nos las diriges en tono serio para despertarnos y hacer hincapié en su importancia. Emanan de tu amoroso corazón, que al mismo tiempo les infunde suavidad. Se distinguen de las advertencias alarmantes y aterradoras del mundo, y más bien buscan recordarnos algo que fácilmente podríamos perder de vista.

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“RESPONSABILIDAD ANTE DIOS”

«El que se conduce según mis preceptos y observa mis normas, obrando conforme a la verdad, un hombre así es justo: vivirá sin duda» (Ez 18,9).

Amado Padre, nos gusta hablar de tu amor y bondad, de tu paciencia y misericordia. En efecto, son maravillosos atributos tuyos y de ellos vivimos. ¿Quién podría recorrer su camino hasta el final si Tú no lo sostuvieras y lo levantaras una y otra vez tras sus diversas debilidades y caídas?

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Día 9: “Responsabilidad y docilidad a la Voluntad de Dios”

Hoy, en nuestro itinerario cuaresmal, se nos presenta primero una lectura del profeta Ezequiel (Ez 18,1-9). En ella, el Señor quiere clarificar una falsa concepción que evidentemente se tenía en el pueblo de Israel y que se expresaba en pensamientos y proverbios erróneos. «¿Por qué andáis repitiendo este proverbio en la tierra de Israel: “Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren la dentera”?» (v. 2).

El Señor deja claro que no quiere volver a escuchar tales palabras en Israel y que cada persona es responsable de sus propios actos: «Mirad: todas las almas son mías, el alma del padre lo mismo que la del hijo, mías son. El que peque es quien morirá» (v. 4). A continuación, Dios nos indica cómo debemos vivir para agradarle, y podemos resumirlo en el versículo 9: «El que se conduce según mis preceptos y observa mis normas, obrando conforme a la verdad, un hombre así es justo: vivirá sin duda».

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