El ministerio petrino como signo de unidad

En la meditación de hoy, reflexionaremos sobre un último aspecto de la vocación de san Pedro, tras haber examinado algunos de los requisitos indispensables para ejercer un ministerio tan elevado. A lo largo de la historia de la Iglesia, hemos tenido papas extraordinarios, dignos sucesores de Pedro, pero también otros que apenas reunían las disposiciones interiores para desempeñar su ministerio de forma fructífera. No obstante, los católicos podemos afirmar con alegría que la «roca de Pedro» ha resistido las tormentas a lo largo de los siglos.

Después de que Pedro profesara que Jesús es el Mesías, el Señor le dirigió aquellas palabras que tan bien conocemos:

«Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que ates sobre la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates sobre la tierra quedará desatado en los cielos» (Mt 16,18-19).

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“NADA MÁS DULCE QUE MARÍA”

«Nada de lo que Dios manda es insignificante (…). Por eso os recomiendo encarecidamente la veneración de la Madre de Dios. ¡Nada es más poderoso, nada más dulce, nada más fuerte que ella» (San Estanislao Kostka).

El santo habla por experiencia propia y nos recomienda encarecidamente a todos que aprovechemos el gran tesoro que Dios nos ha regalado: la Hija del Padre, la Madre del Hijo y la Esposa del Espíritu Santo.

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REFLEXIONES SOBRE LA IGLESIA: “Características de un verdadero pastor”

En la meditación de ayer, destacamos que, antes de encomendarle la misión de apacentar sus ovejas, Jesús le preguntó tres veces a Pedro si lo amaba (Jn 21,15-19).

Después, reflexionamos sobre una de las tareas primordiales del ministerio petrino, que consiste en velar sobre la fiel transmisión de la doctrina de Cristo a lo largo de los siglos hasta el día de su Retorno glorioso al Final de los Tiempos. De hecho, la Iglesia ha entendido la llamada de Jesús a Pedro como la institución de un ministerio de pastor universal. En este contexto, subrayamos cuán importante es que la Iglesia se proteja de las falsas doctrinas y las rechace para que su veneno no penetre en el Cuerpo de Cristo.

A continuación, me gustaría destacar algunos aspectos que son indispensables para un verdadero pastor en la Iglesia católica.

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“LA PRIORIDAD EN LA VIDA”

«Antonio [el padre del desierto] solía decir que el deber del hombre es dedicar todo su tiempo al alma más que al cuerpo. Ciertamente, puesto que la necesidad lo exige, algo de tiempo tiene que dedicarse al cuerpo, pero con mayor celo aún debe entregarse todo lo demás al alma y a buscar su bienestar, para que no sea arrastrada por los placeres del cuerpo, sino que, por el contrario, el cuerpo debe ponerse bajo sujeción del alma» (San Atanasio de Alejandría). leer más

Apacienta mis ovejas

En este maravilloso tiempo que se extiende entre la Resurrección del Señor, su Ascensión al Cielo y el descenso del Espíritu Santo, queremos profundizar en el tema de la Iglesia. Sin duda, durante esos cuarenta días el Señor preparó intensamente a sus discípulos para lo que les sobrevendría, les hizo partícipes de sus planes salvíficos –en la medida en que ellos podían comprenderlos en aquel momento– y les trazó el camino a seguir. Una de sus indicaciones esenciales queda patente en el siguiente pasaje del Evangelio:

Jn 21,15-19

Cuando acabaron de comer, le dijo Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Le dijo: “Apacienta mis corderos”. Volvió a preguntarle por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Le dijo: “Pastorea mis ovejas”. Le preguntó por tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez: “¿Me quieres?”, y le respondió: “Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero”. Le dijo Jesús: “Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven te ceñías tú mismo y te ibas adonde querías; pero cuando envejezcas extenderás tus manos y otro te ceñirá y llevará adonde no quieras” -esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: “Sígueme”. leer más

“PERSEVERAR EN EL CAMINO”

«No se recompensa el empezar, sino únicamente el perseverar» (Santa Catalina de Siena).

Es bueno que Santa Catalina nos recuerde que el entusiasmo pasajero de nuestro corazón, que en ocasiones sentimos cuando Dios nos concede gracias palpables y que nos lleva a tomar los respectivos propósitos, debe demostrar su valía a lo largo del camino. Para ello, necesitamos una formación espiritual que nos enseñe a sobrellevar conscientemente los esfuerzos necesarios para poner en práctica ese buen comienzo.

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Es preciso que entremos en el Reino de Dios a través de muchas tribulaciones

Hch 14,19-28

En aquellos días, llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio que sedujeron a la muchedumbre, de modo que apedrearon a Pablo y le arrastraron fuera de la ciudad creyéndole muerto. Pero rodeado de los discípulos se levantó y entró en la ciudad. Y al día siguiente marchó con Bernabé a Derbe. Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y hacer numerosos discípulos, se volvieron a Listra, Iconio y Antioquía, confortando los ánimos de los discípulos y exhortándoles a perseverar en la fe, diciéndoles que es preciso que entremos en el Reino de Dios a través de muchas tribulaciones. Tras designar presbíteros en cada iglesia, haciendo oración y ayunando, les encomendaron al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia; y después de predicar la palabra en Perge bajaron hasta Atalía. Desde allí navegaron hasta Antioquía, de donde habían salido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían realizado. Al llegar, reunieron a la iglesia y contaron todo lo que el Señor había hecho por mediación de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. Se quedaron bastante tiempo con los discípulos. leer más

Proclamar el Evangelio con sabiduría  

Hch 14,5-18

Al producirse en Iconio un tumulto, judíos y gentiles, junto con sus jefes, se unieron finalmente para ultrajarlos y apedrearlos. Ellos, al enterarse, huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y sus alrededores. También aquí se pusieron a anunciar la Buena Nueva. Había en Listra un hombre tullido de pies, cojo de nacimiento, que nunca había andado. Un día estaba escuchando hablar a Pablo. Pablo se quedó mirándolo fijamente y, viendo que tenía fe para ser curado, le dijo con fuerte voz: “Ponte derecho sobre tus pies.” El hombre se levantó de un salto y se puso a caminar. La gente, al ver lo que Pablo había hecho, empezó a gritar en licaonio: “Los dioses han bajado hasta nosotros en figura de hombres.” A Bernabé le llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque era quien dirigía la palabra. El sacerdote del templo de Zeus que hay a la entrada de la ciudad, trajo toros y, rodeado de la gente, se disponía a ofrecer un sacrificio. Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus vestidos y se lanzaron en medio de la gente gritando: “Amigos, ¿por qué hacéis esto? Nosotros somos también hombres, de igual condición que vosotros, que os predicamos que abandonéis estas cosas vanas y os volváis al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y cuanto en ellos hay. En las generaciones pasadas Dios permitió que todas las naciones siguieran sus propios caminos, si bien no dejó de manifestarse derramando bienes, enviándoos desde el cielo lluvias y estaciones fructíferas, concediéndoos el sustento y llenándoos de alegría…” Con estas palabras pudieron impedir a duras penas que la gente les ofreciera un sacrificio.

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