“Escuchar al Espíritu es suprema sabiduría; vivir en intimidad con Él, una fuente de alegría” (Palabra interior).
El Padre y el Hijo no nos han dejado huérfanos (Jn 14,18), sino que nos han enviado al Espíritu Santo para instruirnos y fortalecernos en todo. Él es el Maestro y guía seguro de nuestra vida espiritual. Si no abandonamos ni relativizamos la auténtica doctrina y enseñanza moral que la Iglesia nos ha transmitido desde siempre, entonces cumplimos las condiciones para que nuestro Maestro pueda instruirnos cada vez más profundamente.