MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: “La discreción aplicada a la situación de la Iglesia”

El objetivo de nuestras meditaciones cuaresmales es convertirnos en mejores discípulos del Señor, discípulos que, con gran convicción, den testimonio del amor de nuestro Padre en estos tiempos difíciles. Su amor se nos ha revelado de una manera singular en su Hijo Jesucristo.

Gracias a los padres del desierto, conocimos el término «discreción», que tiene un significado amplio relacionado con el «discernimiento de los espíritus». Así, la discreción nos ayuda a distinguir con prudencia entre lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, lo auténtico y lo artificial. Más adelante, también aplicaremos esta virtud a nuestra vida espiritual para ver cómo podemos llevarla de tal manera que dé mucho fruto.

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MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: “Introducción a la discreción”  

Una aclaración para todos aquellos que escuchan mis meditaciones diarias y nos han acompañado en este recorrido por el Evangelio de San Juan hasta el momento en que Pilato, el procurador romano, cedió a la presión de los enemigos de Jesús y lo entregó para que fuera crucificado: como mencioné en la meditación de ayer, puesto que los pasajes subsiguientes nos hubieran conducido directamente a la Crucifixión y Resurrección del Señor, he decidido posponerlos hasta que coincidan con los acontecimientos que conmemoramos en los tiempos litúrgicos que se acercan.

La serie sobre el Evangelio de San Juan fue un recorrido muy fructífero con el Señor, que suscitó una gran alegría y gratitud por todo lo que Él hizo para glorificar a su amado Padre y por nuestra salvación. Sus santas palabras y sus instrucciones a los discípulos y a todos los que le escuchaban con el corazón abierto dejaron una profunda huella.

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EVANGELIO DE SAN JUAN (Jn 19,13-16): “No tenemos más rey que el César”    

Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey.» Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César.» Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.

Esta es la hora de la máxima traición al Señor, que vino para redimir a la humanidad. Es una traición a Dios y al hombre, porque ¿cómo puede la criatura, amada por Dios, matar a su Creador?

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EVANGELIO DE SAN JUAN (Jn 19,1-12): “Pilato quiere liberar a Jesús”  

Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; y, acercándose a él, le decían: «Salve, Rey de los judíos.» Y le daban bofetadas. Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él.» Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: «Aquí tenéis al hombre.» Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él.» Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios.» Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más.

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EVANGELIO DE SAN JUAN (Jn 18,25-40): “El verdadero Rey”    

Simón Pedro estaba calentándose y le dijeron: “¿No eres tú también de sus discípulos?” Él lo negó y dijo: “No lo soy”. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo: “¿No te he visto yo en el huerto con él?” Pedro volvió a negarlo, e inmediatamente cantó el gallo. De Caifás condujeron a Jesús al pretorio. Era muy temprano. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y así poder comer la Pascua. Entonces Pilato salió fuera, donde estaban ellos, y dijo: “¿Qué acusación traéis contra este hombre?” “Si éste no fuera malhechor no te lo habríamos entregado” -le respondieron. Les dijo Pilato: “Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley”. Los judíos le respondieron: “A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie” -así se cumplía la palabra que Jesús había dicho al señalar de qué muerte iba a morir

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EVANGELIO DE SAN JUAN (Jn 18,12-24): “La actitud correcta hacia las autoridades religiosas”      

Entonces la cohorte, el tribuno y los servidores de los judíos prendieron a Jesús y le ataron. Y le condujeron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, el sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: ‘Conviene que un hombre muera por el pueblo’. Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este otro discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el atrio del sumo sacerdote. Pedro, sin embargo, estaba fuera, en la puerta. Salió entonces el otro discípulo que era conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e introdujo a Pedro. La muchacha portera le dijo a Pedro: “¿No eres también tú de los discípulos de este hombre?” “No lo soy” -respondió él. Estaban allí los criados y los servidores, que habían hecho fuego, porque hacía frío, y se calentaban. Pedro también estaba con ellos calentándose. 

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EVANGELIO DE SAN JUAN (Jn 18,1-11): “Lo impensable sucede”  

Cuando acabó de hablar, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto en el que entraron él y sus discípulos. Judas, el que le iba a entregar, conocía el lugar, porque Jesús se reunía frecuentemente allí con sus discípulos. Entonces Judas se llevó con él a la cohorte y a los servidores de los príncipes de los sacerdotes y de los fariseos, y llegaron allí con linternas, antorchas y armas. Jesús, que sabía todo lo que le iba a ocurrir, se adelantó y les dijo: “¿A quién buscáis?” “A Jesús el Nazareno” -le respondieron. Jesús les contestó: “Yo soy”. Judas, el que le iba a entregar, estaba con ellos. Cuando les dijo: ‘Yo soy’, se echaron hacia atrás y cayeron en tierra.

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EVANGELIO DE SAN JUAN (Jn 17,13-26): “Últimas palabras de Jesús antes de su Pasión”  

[Dijo Jesús mirando al cielo:] “Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos la perfecta alegría que yo tengo. Yo les he dado tu palabra, pero el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad. No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que creerán en mí por medio de su palabra, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a  mí.

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EVANGELIO DE SAN JUAN (Jn 17,1-12): “Jesús intercede por sus discípulos”  

Así habló Jesús, y dijo mirando al cielo: “Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que, según el poder que le has dado sobre toda carne, conceda también vida eterna a todos los que le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo existiese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu palabra. Ahora ya saben que procede de ti todo lo que me has dado; porque las palabras que tú me diste se las he transmitido a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido en verdad que vengo de tu parte, y han creído que tú me has enviado.

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EVANGELIO DE SAN JUAN (Jn 16,25-33): “Yo he vencido al mundo”  

“Os he dicho todo esto con comparaciones. Llega la hora en que ya no hablaré con comparaciones, sino que claramente os anunciaré las cosas acerca del Padre. Ese día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, ya que el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y voy al Padre”. Le dicen sus discípulos: “Ahora sí que hablas con claridad y no usas ninguna comparación; ahora vemos que lo sabes todo, y no necesitas que nadie te pregunte; por eso creemos que has salido de Dios”. “¿Ahora creéis? -les dijo Jesús-. Mirad que llega la hora, y ya llegó, en que os dispersaréis cada uno por su lado, y me dejaréis solo, aunque no estoy solo porque el Padre está conmigo. Os he dicho esto para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación, pero tened buen ánimo: yo he vencido al mundo.” leer más