“EL PODER DE PERDURAR”

«La verdad tiene el poder de perdurar» (Palabra interior).

«El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mt 24,35).

¡Qué palabras tan reconfortantes nos dirige aquí el Señor! La verdad permanece inmutable y es el ancla segura a la que podemos aferrarnos en una época en la que ésta no es muy apreciada, una época en la que muchas personas, al igual que Poncio Pilato, se limitan a preguntar: «¿Qué es la verdad?» (Jn 18, 38).

Es también una época en la que a menudo las personas buscan doctrinas que se ajusten a sus inclinaciones. San Pablo la describe así: «Vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus pasiones para halagarse el oído. Cerrarán sus oídos a la verdad y se volverán a los mitos» (2Tim 4,3-4).

Sin embargo, por muy grande que sea la confusión y por mucho que, lamentablemente, se haya extendido incluso dentro de la Iglesia, la verdad perdurará. En medio de tanto desconcierto, será agua viva para todos aquellos que tienen sed de verdad. Pero también para las personas de buena voluntad que se han dejado atrapar por las verdades a medias y se han dejado llevar por errores, es necesario que la verdad sea proclamada y esté presente como orientación. Quizá aún puedan ser tocados por ella, pues la verdad tiene el poder de perdurar.

Cuanto más se aleja el mundo de la verdad, más caótico se vuelve. Cuando los mandamientos de Dios dejan de ser directrices vinculantes para las personas, éstas pierden el suelo bajo sus pies. Si no aceptan el don de la redención y el perdón de Cristo, permanecerán atrapadas en el pecado y el error.

¿Qué queda entonces? ¡Queda la verdad! Queda la incansable oferta del amor de nuestro Padre para volver a Él; queda la oración de los fieles por aquellos que aún no han acogido la gracia de Dios en sus vidas…