Feria de Navidad: “El Nombre de Jesús y la resistencia contra el Anticristo”

Según el calendario tradicional, el 2 de enero o el domingo siguiente se celebra la Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús. Escucharemos, pues, el breve evangelio para esta ocasión:

Lc 2,21

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, le pusieron por nombre Jesús, como le había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno.

El nombre de Jesús significa “Dios salva”, y expresa así de manera muy sencilla lo que Dios hizo por nuestra salvación a través suyo. Por medio de su Hijo, Dios rescató de su situación desesperada al hombre, que nunca hubiera podido liberarse por sí mismo de las cadenas del pecado y de la muerte. El hombre necesita para ello la gracia de Dios, quien se manifestó como hombre en el Mesías de todos los pueblos.

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EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 22: “Preparación inminente para Navidad”

Durante las tres primeras semanas de Adviento, nos hemos preparado para la Venida del Señor desde tres perspectivas diferentes.

  • En la primera semana, meditamos sobre la venida histórica de Jesús al mundo a través de los textos bíblicos y la liturgia, que atestiguan el advenimiento del Redentor.
  • En la siguiente semana reflexionamos sobre el nacimiento de Cristo en nuestro corazón, de modo que el acontecimiento bíblico también se haga realidad en nuestro interior. Y es que el Señor no solo quiso nacer en Belén, sino que también quiere vivir de forma real en nuestros corazones.
  • En la tercera semana, nos centramos en el tema de la Segunda Venida del Señor, que debería despertarnos para aprovechar el tiempo y allanarle el camino.

Para que la vida cristiana sea plena, estos tres aspectos deben ir de la mano y hay que tenerlos presentes. Sin la realidad histórica de la Redención, nuestra fe sería un mito; sin su interiorización, carecería de profundidad; y sin la perspectiva del Retorno de Cristo, perdería su enfoque en la meta y se reduciría su dinamismo.

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EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 4: “Abrahán e Israel”

El amor de Dios encuentra a aquellos que no le cierran su corazón. No todos le han dado la espalda; no todos viven indiferentes mientras transcurre su vida terrena; no todos permanecen sumidos en el letargo ni mantienen sus oídos cerrados al llamado de Dios. ¡También hay quienes le son fieles!

Después de Noé, Dios encontró a Abraham, el padre de los creyentes (cf. Rom 4,1-3), y le dijo:

«Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra» (Gen 12,1-3).

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Contado, pesado, dividido

Dan 5,1-6.13-14.16-17.23-28

En aquellos días, el rey Baltasar ofreció un banquete a mil nobles del reino, y se puso a beber delante de todos. Después de probar el vino, mandó traer los vasos de oro y plata que su padre, Nabucodonosor, había cogido en el templo de Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey y los nobles, sus mujeres y concubinas. Cuando trajeron los vasos de oro que habían cogido en el templo de Jerusalén, brindaron con ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y concubinas. Apurando el vino, alababan a los dioses de oro y plata, de bronce y hierro, de piedra y madera. De repente, aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo sobre el revoco del muro del palacio, frente al candelabro, y el rey veía cómo escribían los dedos. Entonces su rostro palideció, la mente se le turbó, le faltaron las fuerzas, las rodillas le entrechocaban.

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Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo: “El Reino de Cristo”

Lc 23,35b-43

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas y decían: “Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si es el Cristo de Dios, el Elegido.” También los soldados se burlaban de él; se acercaban, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate!” Había encima de él una inscripción: “Éste es el rey de los judíos.” Uno de los malhechores crucificados lo insultaba: “¿No eres tú el Cristo? ¡Pues sálvate a ti y a nosotros!” Pero el otro le increpó: “¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio éste nada malo ha hecho.” Y le pedía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.” Jesús le contestó: “Te aseguro que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso.”

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Obedecer a Dios antes que a los hombres

1Mac 2,15-29

Los enviados del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para los sacrificios. Muchos israelitas acudieron donde ellos. También Matatías y sus hijos fueron convocados. Tomando entonces la palabra los enviados del rey, se dirigieron a Matatías y le dijeron: “Tú eres jefe ilustre y poderoso en esta ciudad, y estás bien apoyado de hijos y hermanos. Acércate, pues, el primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las naciones, los notables de Judá y los que han quedado en Jerusalén. Entonces tú y tus hijos seréis contados entre los amigos del rey, y os veréis honrados, tú y tus hijos, con plata, oro y numerosas dádivas.”

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Extraordinaria valentía

2Mac 7,1.20-31

En aquellos días, siete hermanos fueron apresados junto con su madre. El rey, para forzarlos a probar carne de puerco (prohibida por la Ley), los flageló con azotes y nervios de buey. Admirable de todo punto y digna de glorioso recuerdo fue también aquella madre que, al ver morir a sus siete hijos en el espacio de un solo día, sufría con valor porque tenía la esperanza puesta en el Señor. Animaba a cada uno de ellos en su lenguaje patrio y, llena de generosos sentimientos y estimulando con ardor varonil sus reflexiones de mujer, les decía: “Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno. Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os devolverá el espíritu y la vida con misericordia, porque ahora, por amor a sus leyes, no miráis por vosotros mismos.” Antíoco creía que se le despreciaba a él y sospechaba que eran palabras injuriosas.

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Fidelidad hasta la muerte

2Mac 6,18-31

En aquellos días, a Eleazar, uno de los principales escribas, hombre de edad avanzada y semblante muy digno, le abrían la boca a la fuerza para que comiera carne de cerdo. Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida de infamia, escupió la carne y avanzó voluntariamente al suplicio, como deben hacer los que son constantes en rechazar manjares prohibidos, aun a costa de la vida. Los que estaban encargados del banquete sacrificial contrario a la Ley, como ya conocían de antiguo a este hombre, lo ponían aparte y le invitaban a traer carne preparada por él mismo, que le fuera lícita, y a simular como si comiese la mandada por el rey, tomada del sacrificio. Lo hacían para que, obrando así, se librara de la muerte, y por su antigua amistad hacia ellos alcanzara benevolencia.

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Orar sin desfallecer

Lc 18,1-8

Jesús les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer: “Había en un pueblo un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquel mismo pueblo una viuda que acudió a él y le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’ Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que deje de importunarme de una vez’.” Y añadió el Señor: “Ya oís lo que dijo el juez injusto. ¿No hará entonces Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la Tierra?” leer más

El Rey de los corazones

Lc 17,20-25

Los fariseos le preguntaron a Jesús cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: “La venida del Reino de Dios no se producirá aparatosamente, ni se dirá: ‘Vedlo aquí o allá’, porque, sabedlo bien, el Reino de Dios ya está entre vosotros.” Dijo a sus discípulos: “Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Habrá quien os diga: ‘Vedlo aquí, vedlo allá.’ Pero no vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día. Pero antes tendrá que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.”

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