“HA LLEGADO EL MESÍAS”

«Hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor» (Lc 2,11).

Esta es la Buena Nueva vigente para todos los tiempos: nuestro Padre Celestial la hizo anunciar a través de los ángeles a su pueblo Israel, con miras a la humanidad entera. Es el santo y gozoso mensaje de que Dios no se ha olvidado de los hombres. El hombre, que perdió el estado de inocencia originaria y pecó contra Dios, necesita un Salvador. No puede redimirse a sí mismo. Precisa encontrarse con el amor de Dios, que se apiada de él y de su condición, y le ofrece la verdadera vida.

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“UN NIÑO NOS HA NACIDO”  

«Un niño nos ha nacido» (Is 9,6).

¿Podría nuestro Padre haberlo hecho mejor? ¡Por supuesto que no! De lo contrario, lo habría hecho de otra manera.

Así pues, el Niño de Belén es el regalo más hermoso que el Padre Celestial ha concedido a la humanidad con todo su amor. ¡Contemplemos al Niño! ¿Acaso no conquista nuestro corazón? ¡Eso es precisamente lo que quiere! No necesita riquezas para sí mismo; de lo contrario, el Padre se las habría dado. Nació pobre, pero rodeado del amor de María y José, ¡y eso le bastó!

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“LA CERCANÍA DE DIOS”  

«Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros» (St 4,8).

En todo amor verdadero se busca estar cerca de la persona amada. Dios, por su parte, nos colma constantemente con su presencia y su cercanía; busca al hombre y quiere estar junto a él. Pero también es necesario que el hombre busque la cercanía de Dios, le abra su corazón y anhele estar con Él. Entonces percibirá cada vez más la cercanía de su amado Padre, que puede revelarse a un corazón abierto.

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“EL MEJOR CAMINO”  

«Siempre te guío por el mejor camino; aquel que más te beneficie» (Palabra interior).

Si hemos entregado conscientemente nuestra vida al Padre celestial, si nos esforzamos día a día por seguir a su Hijo y luchamos por la santidad, no tenemos que preocuparnos por la próxima etapa del camino. Solo debemos recorrerlo atentamente cada día, con la certeza de que Dios siempre escogerá el camino más adecuado para nosotros en todos los ámbitos de nuestra vida, el que más nos beneficie.

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“EL POZO”  

«Sé como un pozo que primero recoge en sí mismo el agua para luego derramarla en abundancia» (San Bernardo).

En la frase de hoy, san Bernardo enfatiza que hemos de recorrer nosotros mismos el camino de la santidad, que produce abundante fruto cuando la gracia de Dios puede actuar con fuerza en nosotros. Así lo afirmarán todos los maestros de la vida espiritual. De hecho, es totalmente lógico, pues «de lo que rebosa el corazón habla la boca» (Lc 6,45).

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“MARÍA, MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS”  

«No hay gracia enviada del cielo que no pase por las manos de María. Cuanto más pecadores seamos, mayor es su compasión para con nosotros» (San Bernardo).

Escuchamos hoy a un santo que, evidentemente, no tenía ningún reparo en considerar oficialmente a la Virgen María como mediadora de todas las gracias. Su lógica sigue simplemente el camino de la Encarnación y lo aplica también al Cuerpo místico de Cristo: ¡María es la Madre del Hijo y de todo su Cuerpo!

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“NECESIDAD ABSOLUTA DE LA ORACIÓN”  

«Quien ora ciertamente se salva, quien no ora ciertamente se condena» (San Alfonso María de Ligorio).

Los maestros de la vida espiritual no se cansan de insistir en la importancia de la oración. Es el «gran diálogo con Dios», como lo llama santa Teresa de Ávila. En la frase de hoy, san Alfonso nos la recomienda vivamente y llega a asegurar que si no oramos, nos condenamos. Él sabe muy bien que, una vez que se descuida la oración —lo cual ya es una tentación en sí mismo—, llegarán todo tipo de tentaciones y nos resultará cada vez más difícil oponerles resistencia.

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“EL DEPÓSITO DE LA FUENTE”  

«Mi Hijo, es el depósito de esta fuente. Así, los hombres pueden siempre acudir a Él y beber de su Corazón, que está lleno del agua de salvación hasta desbordarse» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).

Aquí nos encontramos con el misterio del amor de Dios, que hace fluir su inagotable amor hacia nosotros a través de su Hijo. Solo tenemos que acudir a Él, tocar a la puerta de su corazón y su amor se derramará sobre nosotros en abundancia. El agua de salvación en el depósito siempre está fresca y se ofrece a los hombres para que vengan y beban de ella. ¡Qué situación tan triste cuando las personas atraviesan el desierto de esta vida sin encontrar el agua de salvación, sin siquiera buscarla o incluso bebiendo agua contaminada!

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“EL VERDADERO CONSUELO”  

«No busquéis consuelo en las personas. ¿Qué consuelo podrían daros? Id al sagrario y derramad allí vuestro corazón. Ahí encontraréis consuelo» (Santo Padre Pío).

¿Dónde buscamos consuelo? Con frecuencia, en las personas; a veces, también en los bienes materiales o en criaturas irracionales. Sin embargo, una y otra vez experimentamos que no recibimos un verdadero consuelo, pues este solo puede provenir del Espíritu Santo. Si acudimos al Señor, ¿nos negará Él su consuelo?

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