«Hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor» (Lc 2,11).
Esta es la Buena Nueva vigente para todos los tiempos: nuestro Padre Celestial la hizo anunciar a través de los ángeles a su pueblo Israel, con miras a la humanidad entera. Es el santo y gozoso mensaje de que Dios no se ha olvidado de los hombres. El hombre, que perdió el estado de inocencia originaria y pecó contra Dios, necesita un Salvador. No puede redimirse a sí mismo. Precisa encontrarse con el amor de Dios, que se apiada de él y de su condición, y le ofrece la verdadera vida.

