CONFIANZA CIEGA 

“¡Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de las naciones!” (Ap 15,3c).

¿Quién puede comprender y abarcar los caminos de nuestro Padre? A veces somos capaces de entenderlos al ver los acontecimientos en retrospectiva, pero pocas veces en el momento en que tienen lugar.

Sin embargo, hay una manera de afrontar la incertidumbre sobre el porvenir y la incomprensión ante el presente: es el camino de la confianza. En caso de que se refiera a la relación con el Señor, incluso debe ser una “confianza ciega”, que no tiene nada que ver con aquella pseudo-confianza presuntuosa cuyo origen está en la soberbia y que debe ser rechazada: “No tentarás al Señor, tu Dios” (Mt 4,7).

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EL CAMINO SEGURO 

“Quien permanece en la doctrina, ése posee al Padre y al Hijo” (2Jn 1,9).

La verdadera comunión con el Padre y el Hijo tiene lugar cuando permanecemos en la recta doctrina, nos dice el Apóstol San Juan.

Nuestro Padre no puede penetrar en el corazón de una persona ni morar en él cuando ella no permanece en la doctrina que recibió de los apóstoles. El amor de Dios siempre va de la mano con la verdad que Él nos transmite a través de la Sagrada Escritura y la auténtica doctrina de la Iglesia, la cual nos recuerda por medio del Espíritu Santo.

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LA VIDA ETERNA 

“Ésta es la voluntad de mi Padre: que quien vea al Hijo y crea en él tenga vida eterna” (Jn 6,40).

Ésta es la maravillosa y santa Voluntad de nuestro Padre: conceder a todos los hombres la vida eterna y conducirlos así a su Reino celestial. Todos sus esfuerzos tienen esta meta: que cada persona –aunque sea en su último suspiro antes de morir– se convierta sinceramente a su Padre Celestial e invoque su Nombre.

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EL PEQUEÑO REBAÑO 

“No temáis, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino” (Lc 12,32).

El pequeño rebaño… Son aquellos que permanecen fieles al Padre aun en medio de la tribulación. Aunque surjan persecuciones porque el mundo rechaza el Evangelio, aunque la confusión penetre incluso en la Iglesia, aunque se ciernan sobre la humanidad plagas apocalípticas y los poderes anticristianos pretendan dominar el mundo, nuestro Padre preservará a los suyos.

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LAS BUENAS OBRAS 

“Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos” (Mt 5,16).

Las obras del Señor que realizamos y la luz en que vivimos por gracia de Dios han de dar testimonio de la amorosa presencia de nuestro Padre Celestial en este mundo.

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ANÁLISIS DEL OBISPO CAILLOT 

 

En contexto con la meditación de ayer, quisiera hoy citar una parte de las conclusiones publicadas en ese entonces, tras una larga y rigurosa investigación, por el obispo local de la diócesis de Grenoble, donde tuvieron lugar las apariciones de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio:

“El encargo preciso [de Dios Padre] es el siguiente: dar a conocer al Padre y honrarlo, sobre todo a través de la instauración de una Fiesta especial, que se pide a la Iglesia. La investigación ha demostrado que una Fiesta litúrgica en honor al Padre estaría perfectamente en línea con el conjunto del culto católico; y en conformidad con la expresión tradicional de la oración católica, que es una elevación al Padre, a través del Hijo, en el Espíritu, tal como lo muestran las oraciones de la Misa y la oblación litúrgica al Padre en el Santo Sacrificio.

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EL GRAN DESEO DEL PADRE 

“¡Oh! Quisiera que comprendieras la magnitud de esta obra; su grandeza, su amplitud, su profundidad, su altura…” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

Dios Padre dirige estas palabras al Papa Pío XI y a su sucesor Pío XII, así como ciertamente también a todos los papas posteriores. Pero hasta el día de hoy no ha sido instaurada la Fiesta litúrgica que nuestro Padre pide en su honor, ni se ha fomentado una veneración especial suya.

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