“Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir, fijaré en ti mis ojos” (Sal 31,8).
“Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir, fijaré en ti mis ojos” (Sal 31,8).
“Para esto se manifestó el Hijo de Dios: para destruir las obras del diablo” (1Jn 3,8).
“He venido a traer la paz con esta “obra de amor”: si alguien me honra y confía en mí, haré descender sobre él un rayo de paz” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
“Mi existencia permanece oculta para mí hasta que Tú, oh Dios, me miras, y mi oscuridad se vuelve tan clara como el mediodía” (San Agustín).
“Cuando el hombre se justifica a sí mismo, Dios lo acusa. Cuando el hombre se acusa a sí mismo, Dios lo justifica” (San Francisco de Sales).
“El Señor asegura los pasos del hombre, se complace en sus caminos; si tropieza, no caerá, porque el Señor lo tiene de la mano” (Sal 36,23-24).
“Sé primero un orante y después un orador” (San Agustín).
“En cuanto tengamos el verdadero deseo de amar, ya habremos empezado a amar” (San Francisco de Sales).
“Vuestra medida no son las sombras; sino el fuego de mi amor” (Palabra interior).
“Sé vigilante, pero sin miedo; sé valiente, pero sin ligereza; sé recogido, pero a la vez activo” (Palabra interior).