«Combatid por la fe que ha sido transmitida a los santos de una vez para siempre» (Jud 1,3).
El gran tesoro de la fe requiere todo nuestro empeño para protegerlo. No se trata solo de la dimensión interior, de luchar cuando sufrimos tentaciones, cuando sucumbimos a nuestras debilidades y nos topamos una y otra vez con los abismos de nuestro corazón que aún no han sido penetrados por la luz de Dios.
