“INCLINAD EL OÍDO”  

«Inclinad el oído y acudid a mí, oíd y vuestra vida prosperará» (Is 55,3).

Para recibir todo lo que nuestro Padre nos tiene preparado, tenemos que aprender a escuchar y, por tanto, centrar toda nuestra atención en Él. Inclinar el oído significa escuchar con el corazón, querer descubrir exactamente lo que el Dios vivo tiene que decirnos, investigar sus planes acercándonos a Él con total confianza y dispuestos a escuchar. De esta manera, prospera la verdadera vida, porque se produce un intercambio de amor. El que nos habla —nuestro Padre— es el amor mismo, y aquel que está llamado a escuchar —el hombre— fue creado por este amor.

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“TODO ES PRÉSTAMO DE DIOS”

«Todo lo que tenemos en esta vida nos ha sido dado para nuestro uso y encomendado como préstamo» (Santa Catalina de Siena).

Es una frase de gran importancia, ya que nos recuerda que todo lo que tenemos procede de nuestro Padre, a quien pertenece nuestra vida y todo lo que forma parte de ella. Sin embargo, como seres humanos, corremos el peligro de apropiarnos de las cosas, como si procedieran de nosotros mismos. La consecuencia es que colocamos fácilmente a Dios en un segundo plano, dando el primer lugar a nuestros propios logros y cualidades. Estos incluso pueden convertirse en nuestro supuesto «tesoro». Así, puede suceder que no dejemos traslucir suficientemente la presencia de Dios en nuestra vida y que, por tanto, se debilite nuestro testimonio, cuya primera tarea consiste en glorificar a Dios.

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“UN CONSEJO DE SAN PABLO”  

«[Sed] alegres en la esperanza y pacientes en la tribulación» (Rom 12,12).

El apóstol san Pablo dirige esta exhortación a la comunidad cristiana de Roma para fortalecerla en el Espíritu del Señor. Siempre hay que mantener viva la llama de la esperanza. Sin embargo, no debe ser confundida con un optimismo humano, que es efímero, sino que es una de las tres virtudes teologales que nos unen profundamente a nuestro Padre celestial. La verdadera esperanza siempre está dirigida a Dios, pues Él mismo es nuestra esperanza.

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“¿CÓMO AFRONTAR LAS CALUMNIAS?”  

«La indiferencia silenciosa ante las calumnias o injusticias suele ser un antídoto más saludable que la excesiva sensibilidad, la discordia o la venganza» (San Francisco de Sales).

Es un gran problema cuando las personas hablan mal unas de otras. Las calumnias pueden llegar a tal extremo y causar tanto sufrimiento a un alma sensible que ella puede llegar a pensar que su vida está destruida. En la actualidad, con los medios de comunicación modernos, este peligro se intensifica aún más y las calumnias pueden convertirse en una verdadera plaga.

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