“¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!” (Rom 11,33b).
¡Cuántas veces comprendemos apenas más adelante lo que nuestro Padre ha hecho y permitido para nuestro bien!
En efecto, los caminos de Dios no están simplemente expuestos ante nuestros ojos como un libro abierto, en el que podemos leer todo en detalle y encontrarlo minuciosamente trazado. Sin embargo, existe un “plan divino” para cada uno de nosotros.
