«Ármate con la oración, no con la espada; vístete con humildad, no con ropa fina» (Santo Domingo de Guzmán). leer más
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Seguir el impulso de la gracia
Mt 13,10-17
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” Él les respondió: “A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque mirando no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis; mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos y han cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane.’ ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.”
“RESISTENCIA INTERIOR AL PECADO”
«Yo soy la resistencia contra el pecado dentro de tu corazón» (Palabra interior).
Se cuenta que, en una etapa de su vida, Santa Catalina de Siena sufrió terribles tentaciones contra la pureza y que entonces habló con Jesús y le preguntó dónde había estado Él mientras ella atravesaba esos ataques que le resultaban insoportables. Jesús le respondió que había sido Él quien había obrado en su corazón la repugnancia a tal impureza.
La Palabra del Señor
Mt 13,1-9
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: “El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!”
El camino del amor
Ct 3,1-4a
En mi lecho, por la noche, busqué al amor de mi alma, lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad, calles y plazas; busqué al amor de mi alma, lo busqué y no lo encontré. Me encontraron los guardias que rondan por la ciudad: “¿Habéis visto al amor de mi alma?” Apenas los había pasado, cuando encontré al amor de mi alma.
Este texto se lee en la Santa Misa al celebrar la Fiesta de una gran amante, que encontró a su Señor: Santa María Magdalena. El evangelio de hoy relata precisamente el encuentro de María Magdalena con el Señor Resucitado, y el modo en que Él se le da a conocer (Jn 20,1.11-18).
“LOS ENEMIGOS DE DIOS SON NUESTROS ENEMIGOS”
«Sé astuto en tu trato con el mundo y con el mundo en la Iglesia: está enemistado conmigo» (Palabra interior).
¿Estamos suficientemente conscientes de esta realidad? ¿Tenemos realmente claro que ya no vivimos en un entorno marcado por la fe cristiana?
“CADA DÍA ES IMPORTANTE”
El Señor luchará de vuestro lado
Ex 14,5-18
En aquellos días, cuando anunciaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, el faraón y sus cortesanos cambiaron de parecer sobre el pueblo y se dijeron: “¿Qué hemos hecho? Hemos dejado marchar a Israel de nuestra servidumbre.” El faraón hizo enganchar su carro y tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, montados por sus combatientes. El Señor hizo que se obstinara el faraón, rey de Egipto, y persiguiera a los israelitas; pero éstos habían salido con gesto victorioso. Los egipcios los persiguieron con los caballos, los carros del faraón, sus jinetes y su ejército; y los alcanzaron cuando acampaban junto al mar, cerca de Pi Hajirot, frente a Baal Safón. Al acercarse el faraón, los israelitas alzaron la vista y, al comprobar que los egipcios marchaban tras ellos, se llenaron de temor y clamaron al Señor.
“CONFIAR EN NUESTRO PADRE EN TODO”
«Confío en Dios, mi Creador, en todas las cosas; lo amo con todo mi corazón» (Santa Juana de Arco). leer más
Actitud contemplativa
Lc 10,38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.” Pero el Señor le contestó: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.”
Conocemos bien este pasaje de la Sagrada Escritura, y suele interpretárselo diciendo que la actitud de María representa más bien la vida contemplativa; mientras que la de Marta se relaciona más con la vida activa. En esta situación, el Señor afirmó que la actitud de María fue la mejor…
