Santos Faustino y Jovita, mártires

Hb 10,32-38

Acordaos de los días primeros, cuando, recién iluminados, tuvisteis que sostener una lucha grande y dolorosa: unas veces sometidos públicamente a calumnias y vejaciones, otras estrechamente unidos a los que así eran tratados, porque compartisteis los sufrimientos de los encarcelados y recibisteis con alegría el robo de vuestros bienes, sabiendo que poseéis un patrimonio mejor y más duradero. No perdáis, por tanto, vuestra confianza, que tiene una gran recompensa: porque necesitáis paciencia para conseguir los bienes prometidos cumpliendo la voluntad de Dios. En efecto, todavía un poco de tiempo, muy poco, y el que va a venir llegará y no tardará; pero mi justo vivirá de fe; y si se volviera atrás, mi alma no se complacerá en él.

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REFLEXIÓN SOBRE LA CASTIDAD: “La castidad: guardiana de la belleza del alma”  

Retomamos hoy las reflexiones sobre la virtud de la castidad que iniciamos ayer.

En una época marcada por la constante estimulación de la sensualidad, se debe prestar la máxima atención para proteger esta virtud. Esto se aplica tanto a las provocaciones que vienen del exterior como a las que surgen en nuestro interior.

La Sagrada Escritura nos recuerda que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo:

«Huid de la fornicación. Todo pecado que un hombre comete queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? Habéis sido comprados mediante un precio. Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo» (1Cor 6,18-20).

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San Fulcran de Lodève: Amante de la castidad

En la Iglesia católica existen innumerables santos, a los que se honra de manera especial en el día de su festividad. Como mencioné hace algún tiempo, me he propuesto presentaros a algunos santos poco conocidos. El santo de hoy, Fulcran de Lodève, provenía de una familia de la nobleza francesa y fue consagrado obispo de Lodève el 4 de febrero de 949.

Ejerció el ministerio episcopal durante 57 años, dedicándose enteramente a la santificación de su rebaño. Combatió el vicio, erradicó los abusos y estableció una vida cristiana dichosa por doquier. Su amor universal le mostraba una y otra vez los medios para atender las necesidades de los enfermos y los pobres de su diócesis. Movido por su profundo aprecio hacia los consagrados, fundó el monasterio de San Salvador, restauró otros ya existentes e introdujo la disciplina y el orden en todas las comunidades religiosas. También otorgó grandes beneficios a las iglesias y hospitales. Mediante los milagros que obró en la tumba de su fiel servidor, Dios confirmó lo que ya se creía sobre su santidad. En torno al año 1127, exhumaron el cuerpo de san Fulcran, que permaneció incorrupto hasta 1572, cuando los hugonotes lo arrojaron al fuego.

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“TODO ES PRÉSTAMO DE DIOS”

«Todo lo que tenemos en esta vida nos ha sido dado para nuestro uso y encomendado como préstamo» (Santa Catalina de Siena).

Es una frase de gran importancia, ya que nos recuerda que todo lo que tenemos procede de nuestro Padre, a quien pertenece nuestra vida y todo lo que forma parte de ella. Sin embargo, como seres humanos, corremos el peligro de apropiarnos de las cosas, como si procedieran de nosotros mismos. La consecuencia es que colocamos fácilmente a Dios en un segundo plano, dando el primer lugar a nuestros propios logros y cualidades. Estos incluso pueden convertirse en nuestro supuesto «tesoro». Así, puede suceder que no dejemos traslucir suficientemente la presencia de Dios en nuestra vida y que, por tanto, se debilite nuestro testimonio, cuya primera tarea consiste en glorificar a Dios.

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Advertencia para las relaciones humanas

1Re 11,4-13

Siendo ya anciano, las mujeres de Salomón desviaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no perteneció por entero a Yahvé su Dios, como el corazón de David, su padre. Salomón marchaba tras Astarté, diosa de los sidonios, y tras Milcón, abominación de los amonitas. Salomón hizo lo que Yahvé reprobaba, y no se mantuvo del todo al lado de Yahvé, como David su padre. Por entonces Salomón edificó un altar a Camós, abominación de Moab, sobre el monte que está frente a Jerusalén, y a Milcón, abominación de los amonitas. Lo mismo hizo con todas sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y sacrificaban a sus dioses. Yahvé se enojó contra Salomón por haber desviado su corazón de Yahvé, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y le había dado instrucciones para que no marchara en pos de otros dioses. Pero no hizo caso de lo que Yahvé le había ordenado. Yahvé dijo a Salomón: “Por haber actuado así y no haber guardado mi alianza y las leyes que te ordené, voy a arrancar el reino de tus manos y lo daré a un funcionario tuyo. Pero no lo haré en vida tuya, en atención a David tu padre. Lo arrancaré de mano de tu hijo. Tampoco arrancaré todo el reino; daré una tribu a tu hijo, en atención a David, mi siervo, y a Jerusalén, que he elegido.”

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Memoria de Nuestra Señora de Lourdes: “Una gran señal apareció en el cielo”  

Ap 11,19;12,1.10

Se abrió el templo de Dios en el cielo y en el Templo apareció el arca de su alianza; y se produjeron relámpagos, fragor de truenos, un terremoto y un fuerte granizo. Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, la luna a sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Entonces oí en el cielo una fuerte voz que decía: ‘Ahora ha llegado la salvación, la fuerza, el Reino de nuestro Dios, y el poderío de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

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